Cómo hallar fuerza en la debilidad

1 Pedro 5:10: “Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca”.

Nuestro Dios se presenta en la Palabra como el Dios de toda gracia. No importa la circunstancia o adversidad que atravesemos, o la debilidad que tengamos, Él tiene la gracia para ello, y así, sacarnos de ese lugar. En medio de la enfermedad, Él envía su gracia de sanidad; en medio de los problemas financieros, envía su gracia y nos prospera; en medio de la oscuridad del mundo, Él envía una gracia de salvación. ¡Él tiene la gracia que nosotros necesitamos! Dios nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, pero no nos dejó solos en esta carrera, Él conoce las tentaciones que hay cerca de nosotros, y como Él fue quien nos llamó, también nos da las herramientas para permanecer firmes hasta alcanzar la herencia, hasta el final de nuestro tiempo. Él no nos va a dejar desfallecer en el camino, va a enviar su gracia que es más fuerte que nuestra debilidad.

Todos atravesamos momentos difíciles, pero hay un tiempo breve para eso, solo un poco de tiempo. Y cuando en ese padecimiento nos aferramos a la gracia, lejos de destruirnos y de dañarnos, la circunstancia nos perfecciona. Cuando respondemos con gracia ante la debilidad o adversidad, lejos de caer y retroceder, somos afirmados; lejos de quedarnos débiles, nos fortalecemos; y lejos de pensar abandonarlo todo, somos establecidos. En la gracia de Dios hay una operación para que lo que el enemigo envió, se convierta en una fortaleza espiritual para nosotros. Satanás le envió muchas circunstancias a Jesús para destruirle, pero Él tomó la gracia, y fue levantado en mayor gloria por lo que padeció.

En el único lugar que Satanás puede golpearnos, y que nos duela, es en el orgullo; pero, si no hay orgullo, no puede golpearnos. Y cuando estamos cimentados en la gracia, si logra golpearnos, no nos duele, pues esa gracia nos ayuda a soportar y sobrellevar. Satanás le dio muchos golpes a Jesús; usó todo lo posible, pero Él permaneció como un valiente con su mirada puesta en el Cielo. Los clavos en la Cruz, la burla, la desnudez, el escarnio de quienes lo perseguían y la traición de los que Él amaba, no tuvieron poder sobre Él, porque antes de estar en la cruz, ya había muerto a su propia voluntad en el lugar secreto. Hay una gracia para pasar por el Getsemaní, por el Gólgota, pero también hay una para resucitar en una gloria mayor.

La gracia no es solo para salvarnos, sino que una vez que gozamos de ella, a través de ella se nos concede lo que deseamos, porque cuando nos acercamos a Dios en medio de las circunstancias que atravesamos, Él nos da más abundantemente de lo que pedimos o entendemos por el poder que actúa en nosotros. La gran clave para disfrutar de la gracia, es cuidar nuestro corazón de soberbia, orgullo y rebelión; es necesario que Jesús pueda hallar en nosotros humildad y mansedumbre, para de esta manera, hallar gracia ante nuestro Señor Jesús.

Santiago 4:6: “Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes”.

No hay peor cosa que caer de la gracia, pero si esto ocurre, hay que regresar a ella, pues es la gracia la que nos da paz, nos abre puertas y la que nos hace estar en reposo con nuestro Señor. Nunca nos enaltezcamos por nada que hayamos alcanzado o logrado, revisemos nuestro corazón e identifiquemos cuál fue el pensamiento o el logro que nos dijo que éramos muy importantes y que teníamos una gran posición. El apóstol Pablo, aunque era muy grande, tal vez el más grande de los apóstoles, decía: “Por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no ha sido en vano para conmigo” (1 Corintios 15:10), a pesar de tener títulos, exclamaba que no era digno de ser llamado apóstol, siempre se presentaba como siervo de Jesucristo; pero de algo sí estaba seguro el apóstol, y era de que la gracia de Dios no había sido en vano para con él.

La gracia no es una excusa para pecar, ella nos santifica y nos da la victoria ante el pecado. Sobre nosotros no reina el pecado, la muerte, ni Satanás, sino Jesucristo y el reinado de la gracia para hacernos libres del pecado. Cuando la gracia llega, el efecto de la condenación y la culpa se va. Estas son las cosas que utiliza Satanás para alejarnos del cumplimiento del propósito de Dios en nuestras vidas. Demos mayor gracia a quienes tenemos a nuestro alrededor para que abunde en nosotros esa gracia. Amemos y perdonemos más, porque la gracia es como un río al que le crece su afluencia a medida de que sus aguas corren. La Escritura afirma: “de gracia recibisteis, dad de gracia” (Mateo 10:8).

¡La gracia es una porción de la fuerzas de Dios en nosotros! En el área en la que Satanás nos dijo que éramos débiles y vulnerables, humillémonos más ante Dios y dependamos más de Él, y mañana muchos van a reconocer que la fortaleza de nuestro llamado, ministerio, y carácter serán aquellas en la que éramos débiles. ¡La gracia nos hará fuertes donde Satanás nos dijo que éramos débiles!