“Gritos de esperanza”

Estamos conscientes de la situación que estamos viviendo, que golpea al más necesitado, y cuando amamos al prójimo, tanto el dolor como la alegría son nuestros. Amar a Venezuela es dolerse con ella, pero no podemos entregarnos al fatalismo, debemos alzar nuestras voces y que se conviertan en GRITOS DE ESPERANZA. La Iglesia está llamada a amar el lugar donde Dios la puso, para poder lograr su transformación.

Jueces 6:6-9: “De este modo empobrecía Israel en gran manera por causa de Madián; y los hijos de Israel clamaron a Jehová. Y cuando los hijos de Israel clamaron a Jehová, a causa de los madianitas, Jehová envió a los hijos de Israel un varón profeta, el cual les dijo: Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Yo os hice salir de Egipto, y os saqué de la casa de servidumbre. Os libré de mano de los egipcios, y de mano de todos los que os afligieron, a los cuales eché de delante de vosotros, y os di su tierra”

El libro de Jueces narra una situación complicada que vivía Israel a causa de Madián, un pueblo con un gobierno que se había levantado contra los hebreos, este estaba ejerciendo una mala influencia sobre el pueblo, e Israel se empobrecía. Madián era el nombre también de un dios pagano, una entidad espiritual maligna al que los gobernantes tenían como dios. Cuando Dios le hace un anuncio a un país, huestes espirituales de maldad tienen una estructura para combatir lo que Dios ha declarado, aunque nosotros queramos ser muy simples, no anula esta verdad espiritual.

Es increíble que Israel no viera más allá la situación, solo veían que empobrecían y que pasaban una situación económica difícil. Este gobierno adoraba al dios Madián y se identificaron tanto con él, que adoptaron su nombre; mientras, el pueblo de Israel se entregó a esta circunstancia. Lo peor que podamos hacer es adaptarnos a las circunstancias, recordemos que Dios nos ha dado un espíritu de poder, amor y dominio propio; entonces, la Iglesia es la única capaz de enfrentar esta circunstancia. Los creyentes debemos abrir nuestras mentes y entender que el plan de Dios nos sobrepasa por mucho, más allá de nuestros intereses; así que, renunciemos a nuestros deseos y sigamos a este plan de Dios para la salvación de Venezuela, Latinoamérica y la raza humana.

Hay un grito de desesperación y dolor, parecido al de la mujer que da a luz, al que pierde un ser amado o alguien que es abusado. Aunque todos son gritos y se escuchen muy parecidos, el grito al que me refiero es diferente, es un grito que llega al cielo, que provienen del corazón, que no está alineado a un sentimiento hostil. El pueblo de Israel entendió que lo único para salir de ese hueco era Dios y clamar a Él; lo único que podían hacer era gritar a Dios. Estoy seguro de que no se hizo al mismo momento, sino que comenzó un mover de fe en el pueblo, comenzaron a orar en las casas, en las calles; en todo lugar comenzaron a darse gritos al cielo por tiempos mejores y diferentes.

No estamos buscando culpables, estamos gritando al cielo por soluciones y días mejores. El espíritu que debe tener la Iglesia es un espíritu de esperanza y uno que se atreve a grita de una manera tan alta que Dios nos escuche. Es gritar a un Dios que puede intervenir en cualquier situación, de corazones llenos de esperanza. ¡Necesitamos que Dios venga a nuestras comunidades y hogares! No podemos negar esta situación difícil, pero sabemos que Dios intervendrá. Entendamos que nuestros gritos deben subir al Trono de la Gracia, porque sabemos que Dios nos responderá. Nuestro propósito principal es ayudar, es levantar y restaurar, nuestra predicación es más contundente cuando hay obras correspondientes, salimos a la calle para ser agentes de cambio. Los cambios necesarios para nuestra sociedad vendrán a través de nosotros mismos con la ayuda del Espíritu Santo, porque  Dios siempre usa a un hombre para hacer su obra, incluso Jesús vino a través de un vientre humano.

Estamos caminando a un nuevo amanecer, pero necesitamos gritar como nunca, todo lo que tiene que ver con libertad proviene de Dios. Desde que Dios formó y creó la tierra, engendró en Venezuela un propósito más grande. Todo el oro, la plata, el hierro y el petróleo fue colocado allí para que a su debido tiempo podamos resurgir y ser propulsores, ser la potencia espiritual más grande del mundo, sucederá cuando nos sacudamos el polvo y nos levantemos.

Éxodo 2:23-25: “Con el paso de los años, el rey de Egipto murió; pero los israelitas seguían gimiendo bajo el peso de la esclavitud. Clamaron por ayuda, y su clamor subió hasta Dios, quien oyó sus gemidos y se acordó del pacto que había hecho con Abraham, Isaac y Jacob. Miró desde lo alto a los hijos de Israel y supo que ya había llegado el momento de actuar.”

Muchos se alegraron cuando murió el rey de Egipto, pero se dieron cuenta que el tiempo posterior a su muerte fue mucho peor, cuando el pueblo entendió que un cambio de líderes no cambiará la situación, y así entendieron que debían gritar al cielo. Israel dejó de esperar en el hombre, gritaron al cielo y Dios los escuchó. Estoy convencido de lo que queda de este año y los primeros seis meses del próximo la iglesia debe gritar a Dios como nunca, Dios no está sordo, pero quiere escuchar que hay un pueblo que pide su ayuda de forma constante. ¡Oraremos tan fuerte, que Dios nos escuchará!

Dios puede acordarse del pacto que hizo con nosotros, cuando gritamos; eso quiere decir que funciona. Seamos como un niño que grita por la ayuda de su Padre. Cuando Dios te escuche, no estará pendiente de la necesidad, porque esa forma de pedir, no es por una necesidad, es un clamor de ayuda. No solo queremos que nos oiga, sino que corra al encuentro con cada venezolano, de acuerdo a su misericordia y bondad. No correrá hacia nosotros pensando en lo que hicimos, ni para condenarnos, Él viene porque somos sus hijos, porque Venezuela fue tomada como su templo y seremos atendidos como tal.

Dios se acordará del pacto que hizo con nuestro país y sabrá que es el momento de actuar. No sé cuándo será ese momento, solo sé que será por causa de los gritos de esperanza. En ese momento, veremos una intervención sobrenatural; la gente sabrá que Dios nos ayudó. Este próximo año veremos una intervención de Dios sostenida y tangible. ¡Esos días de gloria que hemos proclamado, están por venir!