“El fuego de la presencia de Dios”

No hay nada que la presencia del Espíritu Santo no pueda ordenar y arreglar en nuestras vidas, es por ello, que cuando estamos pasando por una dificultad, debemos entender que si el origen de todas las cosas es espiritual, la forma de solucionar ese problema es en lo espiritual, pero resulta muy difícil arreglar algo en lo natural, cuando no estamos ordenando nada en lo espiritual. Debemos entender que cuando la presencia de Dios aparece, hay cambios permanentes, por tal motivo, debemos ser dependientes enteramente del Espíritu Santo de Dios.

Isaías 64: 1-3: “¡Oh, si rompieses los cielos, y descendieras, y a tu presencia se escurriesen los montes, como fuego abrasador de fundiciones, fuego que hace hervir las aguas, para que hicieras notorio tu nombre a tus enemigos, y las naciones temblasen a tu presencia! Cuando, haciendo cosas terribles cuales nunca esperábamos, descendiste, fluyeron los montes delante de ti.

El Espíritu Santo, es un fuego que tiene la capacidad de cambiar el estado indiferente y apático, cuando desciende afecta, cambia e influencia al que toca, es capaz de consumir y de doblegar la roca más fuerte. Este fuego en el momento que nos toca, nos enciende, haciéndonos parte de la llama, y antorchas encendidas que arden en cualquier lugar. La Iglesia, el creyente, el ministro, el servidor, un adorador, todos, deben tener el fuego de la presencia de Dios en su vida.

Lucas 3:16: “Respondió Juan, diciendo a todos: Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.”

El fuego no es para altivos, orgullosos, ni autosuficientes, cuando el ego se pone al frente se extingue, dejando a la persona en la carne. Los verdaderos hombres de Dios no llevan a la gente a sí mismos, sino a aquel que es capaz de transformarlo todo, porque ellos saben que solo son un canal para llevar a la gente al creador del fuego, cuando conocemos al autor del fuego, entonces podemos llevar a la gente a Jesús.

Éxodo 3:2-5: “Y se le apareció el Angel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía. Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema. Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es.”

En este pasaje se revelan cuatro cosas:

1. Dios habla desde el fuego.
2. Dios desde el fuego nos purifica y santifica.
3. Dios llama ministerios en medio del fuego.
4. Dios da dirección para nuestras vidas.

Cuando nos exponemos al fuego, Dios cambia nuestros planes, consume las excusas y activa lo sobrenatural en los llamados.

Hebreos 1:7: “Ciertamente de los ángeles dice: El que hace a sus ángeles espíritus, Y a sus ministros llama de fuego.”

Nahúm 2:1-2: “Subió destruidor contra ti; guarda la fortaleza, vigila el camino, cíñete los lomos, refuerza mucho tu poder. Porque Jehová restaurará la gloria de Jacob como la gloria de Israel; porque saqueadores los saquearon, y estropearon sus mugrones.”

Cuando Dios quiere el retorno de su gloria, entonces levanta una generación de fuego, le pone una sentencia y un tiempo a los destructores.

Nahúm 2:3: “El escudo de sus valientes estará enrojecido, los varones de su ejército vestidos de grana; el carro como fuego de antorchas; el día que se prepare, temblarán las hayas.

Estos valientes están vestidos de sangre, no vienen a saquear, vienen a reconstruir los muros, lo que el diablo desarraigó, estos lo volverán a sembrar. Hay una tierra que es nuestra tierra, la tierra del fruto, de la promesa, del avivamiento, donde nosotros echaremos las raíces.

Nahúm 2:4: “Los carros se precipitarán a las plazas, con estruendo rodarán por las calles; su aspecto será como antorchas encendidas, correrán como relámpagos.”

Los que tienen fuego andan pidiendo calle, no se quedarán dentro de las cuatro paredes de un templo, esta generación saldrá a desalojar al destructor de este país; el día cuando seamos encendidos con esta presencia, que no será dentro de mucho tiempo, correremos como antorchas.

Nahúm 2:5: “Se acordará él de sus valientes; se atropellarán en su marcha; se apresurarán a su muro, y la defensa se preparará.”

¡Dios no se olvidará de sus valientes!