“El fuego del Espíritu Santo”

La Iglesia no nació en un concierto, nació orando, y de alguna manera, cuando el Espíritu Santo vino sobre la Iglesia primera, fue la consecuencia de una promesa de Jesús, diciendo que enviaría a otro como Él, les dijo a sus discípulos: “no se muevan de aquí”, y hay algo especial en esto, porque no podemos recibir el fuego del Espíritu Santo y la promesa en el lugar que nosotros queremos, sino en el lugar en el que Dios nos dijo que nos quedásemos. Esto no significa que los que están fuera del país no puedan recibir lo que viene para los que estamos dentro de él, pero los que estamos dentro, necesitamos activar las lenguas de fuego sobre nuestra cabeza, para hacer la obra que Dios quiere hacer en este país, porque viene algo grande para esta nación.

Al Aposento Alto llegaron 500, pero solo 120 se quedaron hasta el final, y yo preguntó ¿Quiénes se van a quedar en este país hasta que llegue la promesa, los días mejores y ese tiempo de abundancia que viene de camino? ¡Quedémonos hasta que llegue! Con esto no criticamos a los que se fueron o a los que se quieran ir, pero el gran Jesús dijo a los que se quedaron, que recibirían una muestra y una recompensa por quedarse contra los diagnósticos y escases, en el lugar que se les dijo. El bautismo de fuego que recibieron esos 120 fue el inicio, el génesis de la poderosa Iglesia cristiana que definitivamente ha hecho en el mundo la mayor influencia que puede hacerse; y es indispensable para lo que viene, el fuego del Espíritu Santo en nuestros corazones, en una manera que pueda notarlo todo el mundo.

Mateo 3:11: “Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.”

Hay una característica única en los que reciben está clase de investidura o de equipamiento, como lo es la pasión, porque no hay nada peor que un cristiano apagado. Debemos tener una visión y dirección en la vida, sino seremos como las olas del mar que van y vienen, de los cuales la Biblia dice que nada recibirán. Otra de las características del fuego del Espíritu Santo en una persona, es que quien lo recibe empieza a ser indetenible, como una antorcha encendida que se puede mover con mucha libertad y determinación en la calle. Cuando nuestro corazón está limpio y lleno del Espíritu Santo, somos indetenibles, y no hay demonio en el infierno que pueda detenernos.

Lucas 8:46: “Pero Jesús dijo: Alguien me ha tocado; porque yo he conocido que ha salido poder de mí.”

La siguiente característica del que está lleno del fuego del Espíritu Santo es que quema, es decir, el fuego afecta todo lo que toca, no se quema, pero sabe a quién quema. Jesús estaba lleno de ese fuego, sino no hubiese dicho: “he venido a encender un fuego”; y nadie enciende un fuego si el mismo no lo es, así que, para encender otro fuego a través de nosotros, primero debemos estar encendidos. Ahora bien, Jesús dijo: “alguien me ha tocado, porque yo he sabido que poder ha salido de mí”,  eso indica que todo lo que el fuego toca, lo afecta; vamos entonces a interesarnos en tratar de arder y de estar encendidos para poder encender a otros, ¡necesitamos llevar el fuego de Dios a todo lugar! Esta es la garantía para encender a otros que están apagados por la crisis y los problemas.

Jeremías 5:14: “Por tanto, así ha dicho Jehová Dios de los ejércitos: Porque dijeron esta palabra, he aquí yo pongo mis palabras en tu boca por fuego, y a este pueblo por leña, y los consumirá.”

Alguien que tiene el fuego del Espíritu Santo en su vida, fuego sale por su boca, convirtiéndose así en un poderoso predicador; nuestra boca debe echar fuego, porque el pueblo venezolano es leña que está esperando que alguien se atreva a encenderlos. Una boca encendida en fuego no maldice, ni critica, ni chismea, ni habla incredulidad, así que, decidamos qué va a salir por nuestra boca. La única manera de terminar con las obras del diablo es con fuego, porque este puede quemar las obras del mal. Necesitamos unirnos unos con otros para hacer la gran voluntad de Dios; de esta forma, haremos que este país sea encendido con el fuego del Espíritu Santo.

Además, el fuego nos da denuedo y pasión, esa que el enemigo ha querido apagar con una circunstancia difícil, pero que tenemos y vamos a recuperarlo, porque la creación está esperando la manifestación de los hijos de Dios y eso viene. La mayor recomposición social de un país no comienza en un plan político, empieza en el corazón de cada individuo que lo compone, y allí es donde la Iglesia puede hacer la mayor de las diferencias, así que, ¡no nos apaguemos! ¡Avivemos ese fuego en nosotros!