“Yo estoy cerca de un milagro”

Cuando se busca la presencia de Dios con pasión, persistentemente en oración y adoración, la presencia de Jesús se hace tangible en nuestras reuniones. Estamos más cerca de un milagro, de algo nuevo, y lo que Dios va a hacer no es repetitivo, veremos algo que nunca antes habíamos visto; pero la cercanía con nuestro milagro, requiere un cambio de actitud, que no andemos  lejos de Jesús porque Él quiere ser nuestro compañero, quiere que caminemos a su lado todos los días.

Las unciones de milagros que Jesús  trajo a la tierra, no se han ido, y cuando la presencia de Dios es captada por un pueblo que la desea permanentemente, lo sobrenatural se hace constante. Los milagros no son solamente de provisión a la necesidad, el mayor milagro comienza con una transformación de la conducta y las áreas incorrectas, la atmosfera de milagros nos alinea y nos coloca en un estado de justicia para con Dios y su palabra, y si Dios puede transformarnos, entonces podrá tocar nuestra salud, finanzas y matrimonio.

 Juan 2:1-3: “Al tercer día se hicieron unas bodas en Caná de Galilea; y estaba allí la madre de Jesús. Y fueron también invitados a las bodas Jesús y sus discípulos. Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: No tienen vino. Jesús le dijo: ¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora. Su madre dijo a los que servían: Haced todo lo que os dijere. Y estaban allí seis tinajas de piedra para agua, conforme al rito de la purificación de los judíos, en cada una de las cuales cabían dos o tres cántaros. Jesús les dijo: Llenad estas tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba.”

Que sabiduría la de esta familia, si deseamos que la atmosfera de milagros este entre nosotros, debemos invitar a Jesús donde necesitemos  un milagro. Si Jesús está cerca de un lugar, tenemos la oportunidad de que el milagro se manifieste, nos conviene que Él esté cerca porque no sabemos cuando llega el momento difícil. Lo que viene de la presencia de Dios es inagotable y Satanás ha tratado de apagarla en Venezuela, pero hay un mejor vino del Espíritu Santo que nos va a ser dado, hay un milagro que está a punto de suceder.

María la madre de Jesús sabía lo que Él era capaz de hacer, aunque Jesús no había hecho milagros, su madre sabia que Él podía, hay alguien que empieza a percibir en una atmosfera de milagros lo que Jesús es capaz de hacer, el enemigo pensó que acabaría con este país, pero está bien equivocado, y aunque muchos se han ido porque cuando se acaba el vino muchos se van de la fiesta, bienaventurados los que se quedaron, van a beber del mejor vino; Jesús puede arreglar este país, puede sanar, puede traer un milagro. Siempre hay alguien que empieza a hacer saberle a los demás lo que Jesús es capaz de hacer.

Los milagros siempre comienzan en los que sirven, los siervos de esta boda no estaban bajo autoridad de Jesús, sino de los novios y el maestresala encargado de dirigir la fiesta, pero ellos sabían que el milagro no venía por el dueño de la fiesta, porque los milagros no pasan poniendo la mirada en hombres, ocurren al poner la mirada en Jesús; los milagros se activan en las manos de los que sirven, Dios no llama a orgullosos, ni soberbios, sino a siervos interesados en participar del milagro.

Dios está interesado en que nuestro milagro sea abundante, no escaso, cada vez que percibamos que Jesús quiere hacer un milagro, debemos prepararnos en grande, porque el rompe la religión. Tengamos una gran expectativa, demanda y un gran depósito, pero para poder tener un corazón expectante, necesitamos vaciarlo de rencores, ira, contienda, y envidia.  Cuando Dios hace un milagro, transforma algo común y corriente, en algo extraordinario, lo que Él toca lo cambia para bien y para siempre. Los milagros que Jesús va a hacer son grandes y permanentes.