“Está llegando el tiempo”

Daniel 7:21-22 “Y veía yo que este cuerno hacía guerra contra los santos, y los vencía,  hasta que vino el Anciano de días, y se dio el juicio a los santos del Altísimo; y llegó el tiempo”

Este verso narra una visión profética que Daniel observa. Al parecer, por un tiempo esta manifestación llamada en la Biblia cuerno (que podría ser llamada sociedad o sistema) es una manifestación contraria a Dios, a su iglesia y a las personas que Dios usa.

Es una manifestación traída por el mismo diablo que hace guerra contra los santos, esta connotación nos lleva a ver que hay un avance visible de los santos, pero hay un sistema que se opone al avance. Daniel veía que este sistema vencía a los creyentes, no había oportunidad de que los santos avanzaran en la misión y encomienda del cielo.  Por algún tiempo esta manifestación o sistema tuvo victoria sobre el avance de los santos, hasta que apareció un personaje, el Anciano de días. El Anciano de días en la Biblia tipifica a Jesús.

Cada vez que el cielo quiere cambiar una dispensación, un tiempo, una época o un paréntesis histórico, Jesús aparece en escena. Lo hizo en Génesis cuando en la persona de Melquicedec se le aparece a Abraham, entonces hay una manifestación, un cambio de tiempo, ya se ve que no es solo el hombre tratando de alcanzar a Dios, sino Dios tratando de alcanzar al hombre mostrándose como una manifestación de Jesús en el Antiguo Testamento.

Abraham tiene una afectación en su alma y espíritu de tal magnitud que antes él tenía una actitud y después él mismo se llama Abraham del Dios Altísimo, entendiendo que al comer el pan y beber el vino con Jesús,  ya no vive él, sino que Jesús vive en Abraham y eso no es nuevo; después sigue Jesús apareciendo en el libro de Apocalipsis como el Anciano de días, cada vez que Jesús aparece en un lugar o en una vida, la cambia para siempre.

La persona que recibe a Jesús empieza a tener un cambio sustancial hasta que comienza a ver que está transitando en otra dirección, eso se llama conversión. No es extraño que en la historia cada vez que Dios quiera hacer un ajuste o un cambio, Jesús aparezca. Nunca se había predicado en este país a Jesús como hoy se está predicando, tan abiertamente.

 … y los santos recibieron el reino.” (Daniel 7: 21-22)

 La escena que está viendo Daniel es una escena donde los santos están aparentemente perdiendo una batalla y una vez más aparece el Anciano de días, que es el mismo Jesús ocurre algo en la visión que ve Daniel y es que los santos reciben el reino.

Las profecías en la Biblia tienen dos vertientes: la primera es la histórica y la segunda, la escatológica que se cumple en un punto, pero también puede ser repetida tantas veces como el cielo quiera hacerlo. Es decir, cuando Dios da una palabra, entra en el tiempo eterno en el cual Dios puede hacer uso de esa palabra cada vez que Él quiera.

En la escena que ve Daniel, aunque podríamos aplicarla a un tiempo pasado, a un pueblo Israelí, judío, aunque puede ser un comportamiento constante de Dios. Cada vez que quiso hacer un cambio en la tierra,  mandó a Jesús de muchas maneras. El comportamiento acerca de la palabra de Dios sigue siendo el mismo, cada vez que Dios quiere cambiar una dispensación va a manifestar a su Hijo Jesús, siempre a través de Él.

¡Está llegando el tiempo! Y este tiempo está signado por Jesús otra vez. Nunca antes en este país se había visto la predicación de Jesús con semejante pasión, entrega, devoción y con un sentido de pertenencia único. La gente quiere pertenecer a Jesús, quiere ser de Jesús. La gente quiere dejar de ser de un sistema religioso.

El Reino de los cielos es la influencia del Rey, que es Jesús. El Reino no es un templo, no es una forma de pensamiento religioso. Lo primero que tenemos que buscar como creyentes es la influencia de Jesús, así se lograrán las transformaciones en la sociedad.

Jesús aparece como el Anciano de días y les entrega esa influencia a los santos o creyentes. Eso explica que lo que Jesús nos da no es un manojo de doctrinas, ni religión para ser divulgada,  lo que Jesús busca es que llevemos su influencia a otros y eso es el Reino.

No importa que tan grande sea un templo, una denominación o una asamblea cristiana. Su influencia no se mide por el tamaño del lugar, sino por la influencia que Jesús tiene en ese entorno. El Reino es la influencia de Jesús traída a través de los creyentes o santos a un territorio o país. Sin embargo, los creyentes no han entendido aún lo que es el Reino,  piensan que es influencia monetaria, pero es la influencia de Jesús en la tierra.

Mateo 3:2Arrepentíos porque el reino de los cielos se ha acercado”

Por primera vez estamos viendo la influencia de Jesús en Venezuela, por primera vez estamos viendo su  Reino. Por muchos años la iglesia fue grupos escondidos en templos y nos acomodamos tanto a ellos que no nos preparamos para los lugares abiertos, las comunidades, pero estamos avanzando hacia allá, nos estamos preparando para influenciar abiertamente a Venezuela y no escondidos en locales.

La doctrina religiosa nos cambió el Reino por la reunión congregacional y llegamos a pensar que el Reino era para pocos, pero no, el Reino es una influencia entregada por el cielo a los creyentes para transformar a la humanidad.  La influencia es una característica  del Reino de Dios.

Daniel 7: 26- 27 “Pero se sentará el Juez, y le quitarán su dominio para que sea destruido y arruinado hasta el fin,  y que el reino, y el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo, sea dado al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino es reino eterno, y todos los dominios le servirán y obedecerán.”

Ese juez se sienta y le quita el dominio a un sistema para que sea destruido y arruinado. Y en ese mismo juicio ocurre algo, ¿para qué se sienta el juez? Para que el Reino, el dominio y la majestad, sean dadas a los santos del Altísimo. ¿Dónde y cuándo ocurre eso? En el lugar donde Dios quiere cambiar una dispensación o un sistema y ocurre cuando llega el tiempo.

Está llegando el tiempo y vendrá un juicio de parte de Dios, pero no es contra gente inocente o contra su pueblo, es contra el sistema que perjudica a su Iglesia. El juicio del cual habla este verso es uno en el que Dios coloca límites a un sistema hasta arruinarlo y desaparecerlo.

¿Por qué Dios hace esto? Porque tiene un plan, el plan del cielo es poner otra influencia que no es ese sistema y se llama Reino de Dios. Ese Reino viene representado por sus santos. Cuando la Biblia habla de santos, se refiere a creyentes con determinación y coraje para empujar lo que Dios quiere hacer, aunque eso signifique recibir difamaciones y calumnias. Nunca habíamos representado tanto peligro para el infierno. Vamos a seguir haciendo lo que Dios nos mandó a hacer, la revolución de Jesús, una revolución de amor, perdón, reconciliación y salvación para Venezuela.

Lo primero que Dios hace no es quejarse (lo vimos en Génesis 1) Dios se paró en el lugar llamado El principio y en vez de decir ¡qué desastre hay aquí!, empezó a ordenar, alumbrar y llenar con su Palabra; eso indica que la queja no es una opción para nosotros, eso no solventa la situación, la fe sí lo hace.  Visiona el país que quieres, créelo y trabaja por ello.

Ezequiel 37: 3-4 “Y me dijo: Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos? Y dije: Señor Jehová, tú lo sabes. Me dijo entonces: Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, oíd palabra de Jehová.” 

 ¿Qué hay que hacer? Hablarle a este problema, Dios le dijo al profeta Ezequiel cuando este vio el valle de los huesos secos y le dijo “Háblales, no te quejes” Tenemos que aprender a hablarle al problema, atrévase a bendecir al país.  Somos un ente que bendice y hace la voluntad de Dios, no tenemos intenciones maquiavélicas, somos cristianos.

Vamos a afectar el país con la Palabra de Dios. Esos huesos se incorporaron a un cuerpo y resucitó, oyendo la voz de Dios. Así como usted, que por escuchar la Palabra ha alcanzado otro nivel de fe y ha cambiado, así mismo lo haremos con todos los habitantes del país.

¿Qué es lo que va a cambiar la situación del país? Que el país oiga lo que Dios dice, que el país responda a lo que Dios dice, que se llene de su Palabra, no de odio, rencores y mucho menos discusiones estériles que no lo van a llevar a ningún lugar.

Veo un país emergiendo, saliendo adelante, porque nuestros hijos, nietos, bisnietos y tataranietos van a vivir en este país. Si estoy pensando en que las próximas generaciones van a vivir en este país, tenemos que creer y trabajar por una Venezuela diferente, un mejor país.

Gálatas 4: 1-2 “Pero también digo: Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo; sino que está bajo tutores y curadores hasta el tiempo señalado por el padre.”

No importa cuánto Dios quiera darle a la iglesia, si somos creyentes inmaduros. Aunque tengamos las mayores promesas como iglesia y podamos alcanzar la mayor influencia, la inmadurez nos evita ejercerla. Hay que pedirle a Dios que traiga un espíritu de madurez a su iglesia.

Un curador o tutor es la persona elegida o nombrada para cuidar el negocio de un menor o persona inmadura, que no está en capacidad de administrarlo por sí mismo. La iglesia ha estado por muchos años bajo el cuidado de tutores y cuidadores, pero llegó un tiempo en que la iglesia adquiere la madurez para administrar su herencia, influencia, autoridad y responsabilidad. Es Dios quien decide cuando la iglesia está madura para delegarle todas las manifestaciones. ¡Está llegando el momento!

Juan12:30 “Respondió Jesús y dijo: No ha venido esta voz por causa mía, sino por causa de vosotros.” 

Cuando Dios habla y otros no oyen la voz, te tocará asumir la responsabilidad de cumplir y bendecir a otros que no escucharon su voz, aunque para ello debas recibir piedras. Viene el juicio de Dios, que no es matar gente, el cristianismo no tiene esa visión, no tenemos un dios que ordena matar gente, tenemos un Dios que muere para que crean en Él. Si quieren a un dios que mate gente, esta no es su fe. El cristiano tiene a un Dios que mandó a su Hijo Jesús a morir para que en Él crea tenga vida eterna.

Juan 12:31 “Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera.”
El juicio que viene es que el príncipe de este mundo será echado fuera. El juicio que viene para Venezuela es que las obras del diablo serán echadas fuera. No es una sequía, no es una guerra civil, es el Reino de Dios viniendo a este país. Este país será cristiano y tendrá a Jesús como su Salvador.

Juan12:32 “Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo.”

Así se va a ejecutar ese juicio, levantando a Jesús en todos los espacios y comunidades de Venezuela. Jesús es suficiente para atraer a todos los venezolanos a Él y que todos le amen por sobre todas las cosas. Lo que viene para nuestro país es la revolución de Jesús, una revolución de amor, perdón, reconciliación y salvación.

Daniel 7:25 “Y hablará palabras contra el Altísimo, y a los santos del Altísimo quebrantará, y pensará en cambiar los tiempos y la ley; y serán entregados en su mano hasta tiempo, y tiempos, y medio tiempo.”

1 Pedro 2:9 “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable”

Viene una transformación para este país, traída a través del evangelio. Será una transformación nacida en el corazón de cada venezolano.

Éxodo 34:10  “Y él contestó: He aquí, yo hago pacto delante de todo tu pueblo; haré maravillas que no han sido hechas en toda la tierra, ni en nación alguna, y verá todo el pueblo en medio del cual estás tú, la obra de Jehová; porque será cosa tremenda la que yo haré contigo.”

Algo grande viene para nuestro país, especialmente en la juventud, en ellos ocurrirá una afectación profunda, tendrán experiencias únicas con Jesús.

 Isaías 59:21 “Y este será mi pacto con ellos, dijo Jehová: El Espíritu mío que está sobre ti, y mis palabras que puse en tu boca, no faltarán de tu boca, ni de la boca de tus hijos, ni de la boca de los hijos de tus hijos, dijo Jehová, desde ahora y para siempre.”

Dios promete un avivamiento tras generacional que pasará de generación en generación. Serán 120 años de avivamiento que no dejarán a nuestro país igual y cambiarán a toda Latinoamérica.