El último llamamiento

1 Juan 2:18: “Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo.”

Si estamos en la última hora es necesario entender que estamos en el último llamamiento. Existe una fe en Dios que permite alcanzar la salvación y reconocer Su poder, pero también hay un nivel de fe más grande, que es tener el mismo nivel de fe que Dios posee. El Señor Jesús dijo en su Palabra que haríamos cosas más grandes que las que Él hizo (Juan 14:12), nosotros somos los llamados a actuar para que Jesús venga a la Tierra nuevamente.

Una cosa es tener el llamamiento y otra cosa es vivirlo, pero tener estos dos niveles de fe puede ayudar a definir cómo y cuándo serán los días de gloria. La Iglesia debe levantarse para proclamar que estamos en los últimos días. Hay distintos niveles para ejercer un llamado de Dios, sin embargo, sin importar el nivel, todos tenemos influencia. No enfoquemos nuestro llamado a un lugar específico, porque en el lugar en el que estamos podemos desarrollarlo, no es una casualidad que estemos en esta Iglesia, que vivamos o que trabajemos donde lo hacemos. Ya tenemos el acceso de forma directa a Dios, vivimos lo que los sacerdotes del Antiguo Testamento soñaban.

1 Corintios  15:21: “Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos”.

Dios está preparando a la Iglesia para los días de gloria, y hay un nivel de fe que espera esos días, pero hay otro que los diseña. Fuimos hechos a imagen y semejanza de Dios para ejercer dominio sobre la Tierra, pero por medio del pecado perdimos ese dominio, lo que nos llevó a la muerte, por lo que se hizo necesario que por medio de un hombre se recuperara este dominio. El cristiano debe saber que el ser salvo no lo es todo, sino que una vez que recibimos la salvación, empieza el plan de Él para nuestras vidas.

Salmo 110:1: “Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.”

En nosotros como hijos de Dios habita un poder que nos posiciona como cabeza de cualquier principado o potestad. A veces la Iglesia camina frustrada, desestabilizada emocionalmente, en problemas, pero el verdadero problema que ella posee es de identidad en Cristo Jesús; cuando un cristiano está seguro de quien es en Cristo, no hay demonio que no se sujete. El poder que levantó a Jesús de los muertos, ahora vive en nosotros, y cuando esta revelación llega a nosotros, ningún principado, potestad o demonio puede prevalecer.

Hay dos tipos de cristianos, los que se hunden en las aguas y necesitan que Jesús los saque, y el que está junto a Jesús de pie. La diferencia no es el agua, es la identidad de ellos en Jesús. Dios necesita que la Iglesia se levante y reconozca la identidad que tiene para poder diseñar los días de gloria.

Somos quienes vamos a recuperar el dominio divino que se perdió en la Tierra. El último llamado ya lo recibió la Iglesia, el tiempo de los redimidos de Jehová está vigente y nos estamos preparando para recibir los días de gloria que van a llegar por medio de la Iglesia. Esto es un plan de Dios, nosotros no escogemos a Dios, Él en un plan perfecto nos escogió a nosotros con un propósito. Es necesario reconocer en humildad que Dios en medio de nuestro pecado nos escogió con un propósito. Hemos sido llamados para ser coherederos con Cristo de la gloria de Dios.

La Iglesia ha encajonado la fe esperando que Dios actúe, cuando la mayoría de las cosas que tenían que darse para poder ejercer la autoridad, ya se hicieron. Antes de la creación del mundo Dios ya había formado este plan, lo que necesitamos es la revelación de Dios, porque cuando la tengamos, podrían hasta desaparecer los hospitales, debido a que habrá una Iglesia caminando por las calles haciendo milagros.

Cuando vamos a la Palabra de Dios y demandamos revelación, conocimiento y sabiduría, entendemos que desde el principio del mundo Dios nos escogió para ser cabeza. Debemos hacer parte de nosotros la Palabra para entender el llamamiento. Lo que conocemos como desierto es lo que Dios usa para sacar lo mejor de nosotros, para prepararnos para los días de gloria.