“El pecado de la cobardía y el poder de la osadía”

Proverbios 28:1: “Huye el impío sin que nadie lo persiga; Mas el justo está confiado como un león”

¿Qué produce la confianza del León? A pesar de convivir con animales hasta 100 veces más grande que él, no se preocupa por ninguno de ellos. ¿Por qué los demás animales le temen? La actitud del León es la de un rey, pues sabe cuál es su identidad, y en esto basa su actitud y se mantiene firme como tal. Si todos tuviésemos la actitud del león, no habría obstáculo ni circunstancia que pudiera hacernos frente. Es importante definir la actitud que tomaremos al enfrentar cada problema. Para ello, Dios nos da promesas y palabras con las que podemos afirmarnos. Aquellos que conocen la Palabra, la herencia que les pertenece y a su Dios, no le temen al Goliat que puedan enfrentar. ¡Dios no miente!

Cuando Dios le habló de la Tierra Prometida a su pueblo, Josué no dudó en actuar conforme a lo que Dios había hablado pues tenía certeza de quién era su Dios, y que no miente, por ende, fue valiente y asumió el reto de visitarla. Al llegar, comprobó por sí mismo la veracidad de las palabras de Dios, aunque estaba invadida por gigantes. A pesar de esto, no fueron los gigantes en quienes Josué puso su mirada, sino en el Dios que iba con ellos. Esta actitud provocó en Josué la convicción de vencer a aquellos gigantes, y declaró: “Por tanto, no seáis rebeldes contra Jehová, ni temáis al pueblo de esta tierra; porque nosotros los comeremos como pan” (Números 14:9).

2 Timoteo 1:7: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”.

La cobardía es un espíritu. De acuerdo a la Real Academia Española, Cobarde significa: “sin valor ni espíritu para afrontar situaciones peligrosas o arriesgadas”. Dios nos alienta, confirmándonos en su Palabra que “sí podemos”. La fe implica riesgos. El que tiene fe no se detiene, sino que avanza; el que tiene fe, se arriesga y dice ante cualquier gigante: “Sí se puede”. El espíritu que Dios nos ha dado es contrario al del mundo.

Hay muchos que son valientes para hablar, pero cobardes para afrontar problemas. De la misma forma, aún hay creyentes que reprenden hasta el cansancio al enemigo, pero no fundamentan su espíritu con la Palabra de Dios, la única capaz de armarnos de valor, y nos da una actitud de reyes, como Hijos de Dios. Nadie le da valor al que no se da valor a sí mismo. Como Hijos de Dios no podemos vivir dando lástima por dondequiera que pasamos, al contrario, debemos caminar en fe y caminar como hijos del Rey de reyes.

Es importante, que la osadía y el valor sean características fuertes en nosotros. El Apóstol Pablo y los creyentes de la Iglesia primitiva, reconocían que necesitaban esa valentía y denuedo para predicar en todo lugar, para levantarse firmes ante las adversidades y oposiciones que se les presentarían; entonces, descendió el Espíritu del Señor y los llenó de poder. De igual manera, Jesús, aun en la humillación tuvo dignidad y nunca bajó su rostro en señal de derrota. Por encima de las situaciones que vivimos actualmente como país, nuestro lenguaje no puede ser como del que quiere que otros se compadezcan y le tengan lástima. Los leones no se alimentan con carroña, gusanos o insectos; por muy delgados que lleguen a estar no dejan de tener dignidad ni se desaniman, pues saben esperar la carne fresca que les alimentará. Como creyentes, no nos conformamos ni creemos en las migajas del diablo, sino que nos mantenemos en las riquezas de nuestro Señor Jesús.

Apocalipsis 21:7-8: “El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo. Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda”.

Lo primero que la Palabra resalta es que a Dios le irrita la cobardía. La valentía no es un sentimiento, es una actitud. No importa si sentimos miedo o temor, lo importante es no rendirnos ante él. Si nos rendimos, seremos semejantes a un cobarde, si no nos rendimos seremos valientes. Debemos tener la actitud correcta, la de un vencedor, pero es imposible si no escudriñamos la Palabra de Dios. Escudriñarla nos hará entender que Dios está con nosotros y nos dará el poder para vencer cualquier problema.