“El deseo por Dios”

El país no necesita ideologías, necesita a Jesús. La Iglesia tiene que tener esto claro y ser una influencia de paz en momentos en los que requerimos que el odio salga de los corazones y vengamos a una reconciliación entre hermanos, sabiendo que solo la luz disipa las tinieblas y el amor al odio. Si queremos paz en nuestro país, necesitamos llamar esa influencia de Dios en nuestras vidas. En el tiempo por venir debemos orar porque la presencia de Dios sea lo más importante para la gente que cualquier ideología.  Necesitamos una relación personal, constante,  permanente y espontánea con Dios.

Salmos 42:1 “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas. Así clama por ti, oh Dios, el alma mía.

Este salmo fue escrito por los hijos de Coré, que eran levitas, adoradores que estaban en el Templo ejerciendo este oficio, del corazón, no como un trabajo, para Dios. Estos adoradores se preparaban para esto constantemente. Este salmo expresa la necesidad que tenía el salmista de Dios, cuando decía que así como el ciervo bramaba por las corrientes de las aguas, así clamaba su alma por Dios. El bramido del ciervo delata su ubicación y lo hace vulnerable a los depredadores, pero al ciervo lo mueve más su necesidad por el agua que su vida, seguridad o comodidad personal. De la misma manera, clamaba el alma de este salmista. Igualmente, debemos desear a Dios en nuestras vidas, más que el propio interés, seguridad o comodidad. No podemos anteponer nada al deseo por Dios en nuestras vidas. No he visto a nadie que anteponga sus intereses a Dios y comprometa su relación con Él que no tenga consecuencias negativas para su vida.

Nuestro deseo por Dios garantiza que los deseos que Él ponga en nuestro corazón vengan a cumplimiento por su buena voluntad, porque todo deseo de avance viene de Dios. Lo que se desea diferencia al creyente del no creyente; el creyente desea a Dios y sus cosas. Únicamente desde allí, siendo Dios nuestra prioridad, es que podemos ser una influencia como la que se necesita hoy en nuestra nación. El deseo por Dios es el que debe movernos, lo demás, debemos evitarlo. Es importante oír la palabra de Dios y ponerla por obra. Los deseos por las cosas del mundo hizo que Jesús le dijera al mismo apóstol Pedro: “¡Apártate de mí Satanás! Porque Pedro no había puesto su mirada en las cosas de Dios, sino en las del mundo.

Por otra parte, vemos en Moisés, escritor del muy conocido salmo 91, cómo su prioridad era absolutamente Dios, y su deseo primordial era Su presencia, y así resalta a Dios como su habitación cuando dice: “El que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente…” Moisés pudo percibir de esta manera el cuidado de Dios por él y el pueblo hebreo. Fue duro para Moisés ver cómo los israelitas cambiaron la adoración a Dios por un becerro. Dios se determina acabar con este pueblo, pero Moisés intercede por ellos y Dios les perdona. Ahora bien, Dios, aunque les perdonó y les aseguró que continuarían siendo protegidos y recibirían lo prometido, le dice a Moisés que Su presencia no iría, sino que enviaría un ángel. Moisés no acepta avanzar sin la presencia de Dios, porque nada se le compara, ni el maná ni las grandes señales que les acompañó durante toda la jornada en el desierto. Para Moisés era preferible renunciar a los beneficios que Dios podía darles, y morir en el desierto, que renunciar a la presencia de Dios. – ¿A qué estás dispuesto a renunciar por la presencia de Dios? Si volvemos como Iglesia a esta postura, en la que la presencia de Dios sea la prioridad y no los beneficios que podamos recibir en este mundo, seremos la influencia que esta nación necesita. Debemos regresar al deseo por Dios, de buscarle, de tener una intimidad con Él a través de la oración y el atender su Palabra. Es un ajuste del corazón en principio para que haya un ajuste de nuestro camino. Toda nuestra esperanza por los días de gloria que creemos vienen, se basa en una relación firme y estrecha con Jesús.