Dominio sobre el idioma de la fe

Cuando Dios quiere hacer algo coloca su Palabra en miles de personas, para que sea esparcida. Es difícil ponerse de acuerdo con alguien que habla diferente a ti. La fe siempre te dará visión para hacer algo más grande e influyente de lo que pensabas. La fe viene de Dios, es un espíritu y si lo tienes, tienes fe, entonces puedes creer; si crees, puedes hablar y Dios hará. No fuiste creado para quedarte callado ante las circunstancias.

Dios edifica con su Palabra. Y si alguien entiende este lenguaje comenzará a edificar. El Espíritu Santo revela el idioma de fe en la persona que lo recibe. La palabra de fe trae orden, para reconstruir lo que el enemigo haya dañado.

En Cristo, el idioma del cielo se volvió hombre; Jesús nos devolvió el idioma de fe, para que en la tierra se hable como en el cielo. Cada vez que quieras que lo eterno traspase los linderos del tiempo y del espacio, tienes que poner una palabra de fe en tu vientre. Y cuando el Espíritu de Dios está sobre ti, abrirá tu boca y colocará palabras de poder; de manera que, la fe de Dios puesta en una palabra se convierte en un hombre. Cuando una persona actúa bajo la influencia del Espíritu Santo, ni siquiera ella se reconoce.

Tu mundo no tiene que quedarse como está, en tu boca hay poder. Pero, cuando edificas sin el Espíritu Santo, lo haces para tu gloria; si edificas con el Espíritu Santo, lo haces para la gloria de Dios.

¡No te dejes robar la palabra de fe!

1. El idioma de la fe te cambia la imagen y te da identidad de hijo de Dios. Jesús decía que era hijo de Dios y lo reconocían, porque lo que decía se cumplía. Tú puedes identificar a quien es del reino por como habla. Nuestras palabras de fe nos hacen uno, y nos permitirán edificar esta nación.

No solo debemos creer para tener, sino para ser, porque lo primero que Dios te dirá, no es lo que tendrás, sino quién eres. Como Abraham, quien recibió una palabra, la creyó y la habló, aunque las circunstancias le decían lo contrario. Cuando crees lo que Dios te ha dicho, te elevas a la altura de Dios. Los cambios nunca vendrán de la boca de un impío, sino de la boca de un hijo de Dios que tiene autoridad. Usa la fe primero para ti mismo; la grandeza de la fe no está en lo que te da, sino en lo que te convierte por creer. Los hombres naturales hablan el pasado y el presente, pero los hijos de Dios tienen la capacidad de hablar el futuro.

2. Hablamos lo que creemos. Necesitamos tener el mismo espíritu, y hablar lo que creemos, así tendremos el poder de ayudar a otros a hablar el mismo lenguaje.

2 Corintios 4:13: “Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí, por lo cual hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos, sabiendo que el que resucitó al Señor Jesús, a nosotros también nos resucitará con Jesús, y nos presentará juntamente con vosotros.”

  1. Aprende a hablar la visión de Dios.

Habacuc 2:1: Sobre mi  “guarda estaré, y sobre la fortaleza afirmaré el pie, y velaré para ver lo que se me dirá, y qué he de responder tocante a mi queja.”

Dios le da palabras a quien está hambriento de ellas. Escríbela, no la mantengas en secreto, anúnciala. Y mientras más personas escuchen esta visión, más gente correrá bajo la misma, y el tiempo de su cumplimiento se acercará.

4. La fe que sale de la boca de Dios cambia tu mente.

Isaías 55:8-10: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos. Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come…”

Elévate al nivel de la pensamientos de Dios, el no arreglará las cosas al nivel de ignorancia, necesitas escudriñar la palabra para afianzarte en ella. En la fe hay poder creativo, para hacer lo que tu necesitas. Dios entrena a sus hijos con su palabra, para que terminen con su palabra, lo que Dios comenzó con su palabra.

Dios te da algo pero depende de tu palabra el comportamiento de ello.

5. Llama a las cosas que no son como si fuesen.

Romanos 4:17: “(como está escrito: Te he puesto por padre de muchas gentes delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen.”

Esta es una de las áreas más poderosas de la fe.

6. El espíritu santo te revela el idioma de la fe.

1 Corintios 2: 9-12: “Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre, Son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido…”

Para recuperar el espíritu de fe necesitamos un bautismo en poder.

7. Confiesa en grande para que poseas en grande. Observa el ejemplo de Caleb:

Números 13:30: “Entonces Caleb hizo callar al pueblo delante de Moisés, y dijo: Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos.”

Números 14:6 -9: “Y Josué hijo de Nun y Caleb hijo de Jefone, que eran de los que habían reconocido la tierra, rompieron sus vestidos, y hablaron a toda la congregación de los hijos de Israel, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra en gran manera buena. Si Jehová se agradare de nosotros, él nos llevará a esta tierra, y nos la entregará; tierra que fluye leche y miel. Por tanto, no seáis rebeldes contra Jehová, ni temáis al pueblo de esta tierra; porque nosotros los comeremos como pan; su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros está Jehová; no los temáis.”

Hebreos 11:6: “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.”