“Domingo de Resurrección”

Jesús resucitó y esa es la base de nuestra fe. Es por ello que nuestras esperanzas y sueños están vivos. En el libro de Mateo, capítulo 27, versículo 32 y en adelante, se relatan los acontecimientos relacionados con la muerte de Jesús. No hay resurrección sin muerte y Jesús lo hizo, de la manera más humillante posible para darnos garantía de salvación y vida hoy en día. Cuando Jesús muere, hubo tinieblas en toda la Tierra, lo cual es sobrenatural y muy difícil de explicar científicamente. Recordemos entonces, que  Él es la luz y que sin Jesús nadie puede hallar luz, sino que vive en tinieblas.

Mateo 27: 50-51: “Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu.  Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron”.

El cuerpo de Jesús colapsa y entrega su espíritu, muriendo así aquel día, imperando la oscuridad, rasgándose el velo del templo de arriba hacia abajo, lo cual denotaba que lo sucedido era la voluntad de Dios. Ahora quedaba expuesta una gran verdad, y esta era que ya Dios no estaba allí.  Justo en ese momento hubo un cambio de pacto, y cercana la llegada del Espíritu Santo. De esta manera queda establecido que solo Jesús puede romper con toda barrera, limitación o dogma establecido y que su iglesia es aquella donde dos o más se reúnen en su nombre. El creyente debe basar su vida en el Nuevo Pacto, tomando como referencia histórica el Antiguo, entendiendo que Jesús rompe con éste, para que sigamos sus pasos y seamos salvos en Su nombre y seamos llenos del Espíritu Santo.

Otro acontecimiento  importante aquel día fue que la tierra tembló y las rocas se partieron. Recordemos de Moisés era la base o fundamento del pueblo en el Antiguo Pacto, pero Jesús deja claro que Él es la Roca y el fundamento de nuestras vidas, que no hay doctrina capaz de salvarnos, Jesús llama a Simón, Pedro, dándole nuevo nombre, conforme a la revelación de que Jesús es la Roca y su pueblo es parte de Él, de Su cuerpo y que no hay otro ser o líder en el cual podamos consolidarnos como iglesia. Nadie puede sustituir a Jesús, intentando imponerse ante su pueblo, pues algún día tendrán que rendir cuentas a Él.

Mateo 27:52-53: “Y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos”.

Todas estas cosas ocurrieron cuando Jesús murió en la cruz; pero Él resucitó. Y ese día ocurrieron muchas cosas más: los soldados que custodiaron la tumba de Jesús quedaron abismados ante las evidencias de la resurrección, así como la línea política de la época. En simultáneo, la ciudad de Jerusalén se alborotó con la noticia. Además, muchos muertos resucitaron ese día y se presentaron ante sus familias. ¿Puede usted imaginar lo que estos hechos causaron entre la gente? Cuando la Iglesia se mueve en el poder de la resurrección de Jesús, un revuelo así puede tener lugar en toda una nación, transformando vidas. Las obras de la Iglesia que camina en este poder de resurrección deben ser expuestas ante todos, para que alaben a Dios.

Jesús es el primogénito entre los resucitados. En Él tenemos esperanza de resurrección. Los centuriones temblando, reconocieron que Jesús era verdaderamente el Hijo de Dios. (Mateo 28:4) Cuando Jesús resucitó, un ángel movió la piedra, no porque Él no hubiese podido cambiarla de posición, e incluso atravesarla, sino, para que aquellos que no creían, entraran  a ver y descubrir que no estaba ahí y darles la oportunidad de reconocer a Jesús como el Hijo de Dios vivo y eterno.

Mateo 28:8: “Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. Y mientras iban a dar las nuevas a los discípulos”.

La Iglesia de Jesús no debe estar encubierta y encerrada en templos, sino ser luz e influencia en las calles y en su país, porque esa es la voluntad de Dios. Pretender caminar en el poder del Espíritu Santo, de manera callada e imperceptible, es imposible.

La Iglesia empezó a ser noticia, porque salió a la calle a hacer lo que Jesús dijo que hiciésemos. El cristianismo no  es una ideología que queramos probar en Venezuela, ¡no! Ya está probado que el cristianismo sí cambia vidas para bien y para siempre; son experiencias sobrenaturales con un Dios sobrenatural, y por ello, cada vez que alguien en este país recibe a Cristo, nos acercamos a la transformación más poderosa que esta sociedad haya visto. ¡Vienen días de gloria para nuestro país!