Dios oye el clamor de este pueblo

Job 34:21-24,28: “Dios está siempre vigilando todo lo que hacemos. Ni en la noche más oscura pueden esconderse los malvados. Dios no tiene que decidir cuándo llevarlos a juicio, ni necesita permiso para acabar con los poderosos y darles su merecido. Tanto maltrataron a los pobres que sus gritos de auxilio llegaron hasta Dios”. (TLA)

Dios no solamente oye el clamor de la Iglesia, también escucha a todo aquel que clama a Él. Hay gente que no viene a la iglesia ni ora como nosotros, pero cuando atraviesa momentos adversos, ora de la misma forma como lo hacemos nosotros, y ese clamor llega al cielo; ese llanto de desesperación llega a los oídos de Dios, quien está atento a las lágrimas de alguien que se encuentra desesperado. ¡Dios no es indolente! Él siempre estará atento a su creación.

No debemos comportarnos como jueces de este pueblo frente a lo que está padeciendo, sino como abogados, a fin de interceder a Dios a favor de él. Tenemos que pasar de nuestra posición de indolencia en muchas áreas, a una posición no solo de dolientes, sino de agentes de cambios reales y verdaderos que puedan venir desde el cielo a un pueblo. Si alguna vez fuimos víctimas de un juicio como venezolanos, podemos interceder por ello, podemos humillarnos delante de Dios, no como ajenos del dolor de este pueblo, sino como aquellos que se unen a él. Dios nunca ha sido indolente ante la necesidad de un pueblo, Él está atento a este país, y va a asistir a los gritos de auxilio de los venezolanos.

Cuando tenemos una situación difícil, nos volvemos especialistas en el clamor. Esto nos lleva a pasar de la oración al clamor, y del clamor al gemido, y cuando llegamos a este punto de gemir, Dios oye el clamor; es en ese momento que Él se acuerda del pacto que tiene para con nosotros. ¡Dios tiene un pacto para con este país! El pacto de Dios va por generaciones en un linaje, y muchas veces, en el momento difícil, lo que cita no es nuestro nombre, sino el pacto que hizo para con nosotros. Así que, cuando vamos a Dios y le pedimos cumplir su pacto, es un asunto que no tiene que ver con nosotros, sino con Él, con lo que Él es y con lo que dijo. Dios es un Dios de pactos, que no solamente los hace, sino que los cumple. Y Él tiene un pacto con este país, con nuestra familia y con nosotros mismos.

Después que Dios hace un pacto con alguien, es irreversible e inmutable, no porque lo merezcamos, sino porque Él es inmutable en sus promesas. Dios hizo un pacto con Moisés y aun cuando había razones validas para juzgarlo, recordó su pacto con él. Dios es un Dios de pactos, y nuestro trabajo debe estar enfocado en recordarle a Dios ese pacto.

Éxodo 2: 24-25: “Y oyó Dios el gemido de ellos, y se acordó de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob. Y miró Dios a los hijos de Israel, y los reconoció Dios”.

Dios está mirando el dolor y clamor de cada persona que conforma este país, así que no dejemos de orar por esta nación. Hay algo muy importante, y es que cuando Dios hace un pacto con alguien, graba su rostro, y cuando recuerda su pacto con él, hace memoria de la promesa que le hizo. Dios es un Dios de pactos, y Él cumple lo que ha prometido. No tengamos miedo de pedirle dentro de su pacto que salve a nuestra familia, y a nuestro país, ¡tenemos ese derecho! Y ese clamor va a llegar al cielo. Vayamos al pacto, porque Dios va a reconocer nuestra voz, y hará algo a favor de nosotros. ¡Lo que tanto le hemos pedido a Dios, está a punto de suceder siempre y cuando vayamos a Él recordándole el pacto!