Dios no oye a perfectos, sino a rendidos

Lucas 18:18-23: “Un hombre principal le preguntó, diciendo: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?  Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo Dios. Los mandamientos sabes: No adulterarás; no matarás; no hurtarás; no dirás falso testimonio; honra a tu padre y a tu madre. Él dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. Jesús, oyendo esto, le dijo: Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme.  Entonces él, oyendo esto, se puso muy triste, porque era muy rico.”

Jesús, por primera vez no está delante de publicanos y pecadores, ni de una ramera o de un ciego, sino delante de un hombre perfecto que cumplía todos los mandamientos. A este hombre Jesús le hizo la invitación a ser parte de su equipo ministerial, pero este hombre perfecto, que guardaba todos los mandamientos, le dijo a Jesús que no, se negó a ser discípulo de Jesús y a obedecerle. Aquí vemos a un perfecto que no quiso ser obediente; por eso es que Dios no oye a perfectos, sino a rendidos.

Marcos 1:16-18: “Andando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres. Y dejando luego sus redes, le siguieron.”

Pedro y su hermano eran pescadores, oficio que para ese tiempo lo ejercían personas con poca preparación. Y cuando Jesús pasó por el lugar en el que estos dos pescadores se encontraban trabajando, y les hizo el llamado a que le siguieran, inmediatamente dejaron las redes, es decir, su negocio, y le siguieron; ellos estuvieron dispuestos a obedecer a Jesús.

Marcos 2: 13-17: “Después volvió a salir al mar; y toda la gente venía a él, y les enseñaba. Y al pasar, vio a Leví hijo de Alfeo, sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y levantándose, le siguió. Aconteció que estando Jesús a la mesa en casa de él, muchos publicanos y pecadores estaban también a la mesa juntamente con Jesús y sus discípulos; porque había muchos que le habían seguido. Y los escribas y los fariseos, viéndole comer con los publicanos y con los pecadores, dijeron a los discípulos: ¿Qué es esto, que él come y bebe con los publicanos y pecadores? Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores.”

Leví, era un hombre publicano, un cobrador de impuestos, y los judíos no querían a estos hombres porque robaban al pueblo, le quitaban sus pertenencias. Andar con un publicano no era algo bien visto, pero Jesús llamó a este hombre que no era perfecto, y que violaba las leyes. Lo interesante de esta historia es que Leví, al momento en que Jesús lo llama, deja los negocios que tenia y comienza a ser su seguidor.

Ahora bien, el ángel perfecto que Dios creó, Luzbel, lo traicionó. Tal vez Gabriel y Miguel no eran tan perfectos, pero estos no traicionaron a Dios. Adán y Eva, hombres perfectos creados por Dios, lo traicionaron; pero aquellos hombres llenos de imperfecciones, como los pescadores y cobradores de impuestos, estuvieron dispuestos a obedecer a Jesús y a seguirle. Así que, cuando vengamos a la iglesia y el enemigo quiera traer a nuestras mentes que Dios no nos oye porque somos imperfectos, no le prestemos atención, porque la realidad es que Dios no oye a perfectos, sino a rendidos.

Dios no quiere perfectos, porque estos siempre le han traicionado, Él está buscando gente que aun con todos los problemas e imperfecciones que tengan, decidan seguirle hasta el fin del mundo. Solo debemos colocarnos en manos de un Dios perfecto para que Él pueda hacernos grandes. ¡Dios no busca gente perfecta, sino a gente rendida!