“Dios no está muerto”

Toda la unción que Dios ha depositado en la tierra desde Abraham hasta nuestros días, no se extingue, no está muerta, esa unción no se ha ido al cielo porque no es para el cielo, es para la tierra, ella está suspendida en los aires esperando el tiempo de Dios y corazones para depositarse. Pero toda la unción que Dios ha depositado en la tierra, ese poder, esa gloria que está en los aíres y cerca de nosotros está influenciada por la demanda del pueblo.

Muchos están pasando por situaciones para las que no hicieron provisión, y parece que ese problema hizo habitación en su casa y no se quiere ir, pero tienen tiempo creyendo, orando y buscando a Dios y no ven el milagro que están deseando, por lo que llega el momento en que tanta opresión, tantas tinieblas, les convencen de que Dios para ellos está muerto. La mayoría son confesionales, como muchos creyentes que asisten a la iglesia, pero la pregunta es ¿crees que Dios está vivo para ti? Porque muchos creen que Él está vivo, pero no para ellos, tienes que empezar a creer que Dios está vivo para ti. El pueblo de Israel pasó mucho tiempo en oprobio y necesidad por lo que se olvidaron que Dios estaba vivo para ellos, aunque creían que Él vivía para otros, dejando de ver la mano de Dios y sus milagros, pero muchas veces Dios esconde sus milagros por un tiempo, para que no andemos detrás de ellos, sino detrás del Dios de los milagros, porque llega un momento en el que por tantos problemas y dificultades llegamos a amar más lo que Dios nos puede dar, que a Él que es el Dios de los milagros.

Dios anhela tener una relación con nosotros, Él nos creó para vivir en su presencia y ese fue el caso de Elías, que se levantó para decirle al pueblo que Dios no estaba muerto, él no necesitó ver un milagro sino que sabía que Dios estaba vivo porque venía de su presencia, Elías amaba estar en la presencia de Dios; hoy muchos están interesados en conocer un milagro, pero Dios quiere que lo conozcamos más a Él, y no tener una religión sino una relación con nosotros. Cuando hemos estado delante de Dios no necesitamos ver un milagro para creer que Él está con nosotros; no podemos poner nuestra fe en un milagro, sino en la Palabra de Dios y esa fe va a traer los milagros y su gloria. Dios en su Palabra expresa promesas y no deseos; la diferencia entre estos es que un deseo es una intención sin compromiso, mientras que una promesa refleja un juramento de un Dios que no puede mentir; las promesas que están en la Biblia son pactos y muestras de amor de parte de Dios para suplir nuestras necesidades.

Aquel que vive en la presencia de Dios entra en Él y puede ver que está vivo, que es real, y una vez que ve eso, confía en lo que Dios ha dicho que va a hacer. No importa el camino que ahora tengamos, si parece un desierto, ese no es nuestro destino, Dios tiene preparado para nosotros un destino glorioso.