“Dios ha descendido”

La gente quiere ver hoy lo que espera de manera inmediata, y al no verlo, se frustran. La desesperación lleva a querer ver las cosas instantáneamente. La oración es la que nos enfoca para esperar, centradamente, lo que creemos. Ya Dios descendió sobre nuestro país conforme ha prometido y aunque no veamos todo lo que hemos creído aún, ya Dios ha descendido. Hay una condición en la que no queremos estar, puede ser de oprobio, escasez, tribulación, desesperación, y ante esto, todo cambio, sea en nuestras vidas, familia o en un país comienza con un clamor a Dios. Dios no está ajeno a nuestra situación, ni a nuestro problema. Dios ha oído el clamor de Venezuela. En definitiva, todo cambio en una persona, una familia o un país empieza con un clamor a Dios. Dios espera, que cuando clamemos a Él, creamos que viene de camino. Nuestra fe debe consistir en que si Dios ya me oyó, Él está haciendo algo por nosotros. Nuestros ayunos, nuestra oración son el deseo espontáneo de traer a Dios a este país.

Es un grave error pensar que porque no veamos lo que estamos clamando, Dios no está obrando. Cuando Dios nos dice que traerá paz y reconstruirá nuestro país, es porque ya Él está propiciando situaciones para hacerlo posible. Por esto, no pararemos en dar esperanza, pues Dios ha descendido sobre Venezuela. Dios nos quiere llevar a una circunstancia de abundancia y desarrollo. No podemos en el camino desesperarnos ni quejarnos, debemos más bien ser agradecidos. Es nuestra decisión seguir en el camino del Espíritu Santo para ver la obra en nosotros y el proceso de perfección, o salirnos de la promesa y no alcanzar lo prometido; en esto consiste el libre albedrío. Estamos esperando que Dios cambie la circunstancia, y seremos mejores, porque hemos pasado por toda clase de adversidades valientemente, y ahora tenemos moral con qué decirle a las otras naciones que con Dios sí se puede.

El que tiene fe va a recibir lo que está esperando. Él no deja nada a medias, terminará la obra que ha comenzado en nosotros, solo debemos perseverar y ser agradecidos. La garantía de que llegues al lugar que Dios te prometió es que Él mismo vaya con nosotros. Lo que Dios ha prometido sobre nuestras vidas ya comenzó a hacerlo y Él va con nosotros. La señal de que Dios es quien lo ha hecho será notoria cuando este país en su mayoría conozca y ame a Jesús; por eso, nosotros hoy no nos cansaremos de hacer lo que nos corresponde. Estamos pasando por las aguas y por el fuego, pero Dios nos sacará a abundancia. No nos cansamos de decir y creer que vienen días de gloria, y esperarlos para nuestras vidas y país. Desde el principio es Dios quien lo ha hecho; ¡Dios ha descendido a este país!