Dios de pactos

Si algo debe aprender la Iglesia, es a creer en el pacto de Dios. El pacto es tan poderoso, que cuando un hijo de Dios descubre el poder que hay en él, el primero que huye es Satanás, y además, los demonios corren despavoridamente. Pero, el grave problema se presenta cuando ignoramos el pacto, lo que nos lleva a entrar en desesperación, y a olvidarnos de las promesas de Dios.

Ezequiel 16: 59-62: “Pero más ha dicho Jehová el Señor: ¿Haré yo contigo como tú hiciste, que menospreciaste el juramento para invalidar el pacto? Antes yo tendré memoria de mi pacto que concerté contigo en los días de tu juventud, y estableceré contigo un pacto sempiterno. Y te acordarás de tus caminos y te avergonzarás, cuando recibas a tus hermanas, las mayores que tú y las menores que tú, las cuales yo te daré por hijas, mas no por tu pacto, sino por mi pacto que yo confirmaré contigo; y sabrás que yo soy Jehová.”

Dios hizo un pacto con nosotros, con nuestro nombre, apellido y ADN, para que de esta forma no haya ningún tipo de confusión. El pacto es muy poderoso, porque Dios no se olvida de él, aunque nosotros sí. El matrimonio es un pacto suscrito por dos partes, pero en oportunidades ocurre que alguna de las partes se molesta por algún motivo y pide el divorcio, y la otra parte no está dispuesta a concederlo, lo que genera una pelea. El asunto es, que mientras haya uno de ellos dispuesto a mantenerse dentro del pacto, este no se puede romper. Dios no hizo pacto con nosotros por interés, sino por amor; por lo tanto, no lo no invalidará ni violará; Él no es igual a nosotros, ¡Él mantiene su pacto por los siglos de los siglos!

Aunque seamos infieles hacia Dios, Él mantendrá su promesa en pie para con nosotros, lo que nos debe llevar a no fallarle y a mantenernos firmes en ese pacto. Es muy importante que todos entendamos que Dios hace pactos con sus hijos para diferenciarlos de los demás, y cuando Él establece este pacto, hay seguridad.

1 Corintios 11:25: “Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí.”

El pacto de Dios viene por medio de la sangre de su Hijo. Jesús firmó el nuevo pacto con su propia sangre, por lo que este no tiene que ver con una ceremonia, sino con un ADN. Cuando Dios hacía un pacto es el Antiguo Testamento, este era transgeneracional por cuestiones de linaje, pero en el Nuevo Testamento, que es el Nuevo Pacto, el vínculo ya no es a través de ceremonias, sino por medio de su sangre. Ahora bien, este pacto, Jesús lo firma con su propia sangre, lo que indica que todo el que es limpiado por la sangre de Cristo, entra en el pacto de Dios.

Jesús no sacrificó a un cordero, Él se hizo el Cordero y murió en la cruz por medio de un procedimiento totalmente ilegal, en el que se le culpó de un delito que nunca cometió, para que de esta forma fuese inocente en todos los aspectos. Hecho esto, por ser Cordero y Sacerdote, su sangre es suficiente para introducirnos en el pacto con nuestro Padre y hacernos absolutamente hijos de Él, y herederos y coherederos con Cristo. Todos estamos en el nuevo pacto por medio de la sangre de Cristo hecho Cordero y Sacerdote, pero hay pactos especiales con gente que hace cosas especiales.

Dios es nuestro proveedor, y Él va a darnos lo necesario para que un gran milagro suceda en Venezuela, y veamos entonces el pacto de Dios cumplido con este país y con nosotros; así que, nadie dude del pacto de Dios, porque Él cumple lo que promete, por lo tanto, no nos entreguemos a las circunstancias. ¡Creamos en el pacto de Dios!