Despertando el espíritu de los valientes

Hageo 1:12-13: “Y oyó Zorobabel hijo de Salatiel, y Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote, y todo el resto del pueblo, la voz de Jehová su Dios, y las palabras del profeta Hageo, como le había enviado Jehová su Dios; y temió el pueblo delante de Jehová. Entonces Hageo, enviado de Jehová, habló por mandato de Jehová al pueblo, diciendo: Yo estoy con vosotros, dice Jehová.”

 ¡Qué maravilloso es que, a pesar de vivir tiempos difíciles, -como los que vivía Israel en este tiempo de la Escritura y del profeta Hageo-, tener una voz profética comprometida que le comunique al pueblo lo que Dios quiere que este escuche!

Aunque veamos un tiempo, en lo natural difícil, debemos oír lo que Dios dice acerca de ese tiempo, porque los tiempos de Dios son perfectos, pero son diferentes al de los hombres. Ahora bien, muchas veces, aunque el tiempo, naturalmente hablando, resulte adverso, Dios nos habla de que no es un tiempo de esclavitud, ni de pensar y actuar como tal, sino que es un tiempo de libertad, de cambio, y de restauración.

Cuando Dios trae a su profeta para que le hable al pueblo, también está mirando la actitud de ellos ante la palabra que les ha enviado. Dios, observa la actitud del líder, trata con él y trae su Espíritu sobre él. Luego trata con el sacerdocio y los servidores para anunciarles el por qué de la situación que están atravesando, y para instarles a que asuman su responsabilidad en ese momento. Pero, si no asumimos la responsabilidad en determinado asunto y solo culpamos a otros de lo que acontece, entonces no podremos  cambiar las circunstancias, porque así como entregamos la responsabilidad a otros, también les entregamos el poder de los cambios.

Es preferible humillarnos delante de Dios, asumir nuestra responsabilidad, escuchar su voz, comprender qué está aconteciendo y qué debemos hacer, porque cuando tomamos esta actitud delante de Dios, Él nos da el poder para generar los cambios. El cambio que queremos no depende de un sistema de hombres, depende exclusivamente del pueblo de Dios que crea en su Palabra, responda a lo que Él está hablando, y haga un movimiento espiritual a través de la comunión con Él, la palabra profética y de una acción de valentía. La valentía está presente en todos los cambios de tiempo que Dios trae a través de su pueblo.

Cuando vienen circunstancias difíciles, tendemos a temer por el futuro y empezamos a poner nuestra mirada en lo temporal y natural, por ello, se hace necesario que Dios levante un profeta, un hombre con una palabra que viene del corazón de Dios para aclararnos los tiempos. En primera instancia, el mensaje que viene a través del profeta causa un impacto, pero luego que recibimos la palabra de forma correcta, viene un rompimiento. Esta palabra abre camino aun en el peor tiempo. Del profeta tenemos que recibir la corrección, para también recibir la promoción. Cuando el profeta es aceptado, Dios coloca una palabra en él que trae paz a nuestras vidas; de esta forma Él asegura su presencia. Cuando despierta el profeta, el liderazgo, y el pueblo de Dios, Él puede hacer lo que desea en el resto de la tierra, porque la libertad que hay en pueblo de Dios se extiende a toda la nación.

Hageo 2:5-9: “Según el pacto que hice con vosotros cuando salisteis de Egipto, así mi Espíritu estará en medio de vosotros, no temáis. Porque así dice Jehová de los ejércitos: De aquí a poco yo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca; y haré temblar a todas las naciones, y vendrá el Deseado de todas las naciones; y llenaré de gloria esta casa, ha dicho Jehová de los ejércitos. Mía es la plata, y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos. La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera, ha dicho Jehová de los ejércitos; y daré paz en este lugar, dice Jehová de los ejércitos.”

Necesitamos un nuevo encuentro y una unción mayor del Espíritu Santo para este tiempo de libertad. Cuando el pueblo despierta el espíritu, el oído y el corazón, Dios dice: ahora sí están listos y de aquí a poco tiempo cumpliré mi promesa para con ustedes. Y cuando la gloria de Dios llega sobre un pueblo, este nunca se queda en escasez, la pobreza se va. Él no nos saca de la esclavitud con las manos vacías, cuando Él dice que una gran liberación viene, ese tiempo viene acompañado de riquezas.

Se acabo la esclavitud, llegó el tiempo de las riquezas y de la abundancia, ¡es el tiempo de libertad!, y la gloria postrera de esta casa, será mayor que la primera, y habrá paz en este lugar. ¡Son días de libertad!