¿Decepcionado?

La decepción es un sentimiento negativo que toca los corazones cuando las expectativas no se cumplen. Este sentimiento lo experimenta todo ser humano, sea creyente o no. Temas como la decepción y el fracaso no son populares, debido a que vivimos en una cultura de éxito, en la que se endiosa el ganar, pero la realidad es que el éxito no llega sin decepciones y fracasos. Y, precisamente el éxito, son los fracasos y las decepciones superados por la persistencia.

Muchas veces no sabemos bregar con la decepción, y esta nos llega a todos. La Biblia está llena de hombres de Dios que fracasaron y sufrieron la decepción. Hablamos del éxito de David y del de Pablo, pero la realidad es que detrás de ese éxito, hubo fracasos que fueron superados por la fe y la persistencia de estos hombres. Elías, el gran profeta de la Biblia que hizo grandes milagros, fue el mismo hombre que en una oportunidad estaba tan decepcionado, que se escondió en una cueva diciéndole a Dios: “quítame la vida porque no quiero vivir” (1 Reyes 19: 3). Y es que, todos en algún momento nos hemos sentido tan decepcionados, que se nos han quitado las ganas de vivir.

Hay gente que prefiere no tener esperanza debido a que corre el riesgo de ser decepcionado. Es como el estudiante que ingresa a la universidad, pero que no piensa en el graduarse, para no decepcionarse si no lo logra. ¿Cómo se conquista una meta si no se tiene expectativa de alcanzarla? Es temible lo que la decepción le hace a la esperanza, ella (la decepción) es el peor enemigo de la esperanza. Hay gente a la que le duele tener esperanza, porque están tan decepcionados por la situación que están atravesando y acostumbrados a vivir de esta forma, que cuando se les da esperanza, sienten temor, y se resisten al cambio que Dios quiere hacer en ellos; pero la realidad es que la esperanza llega para sacarnos de ese estado de decepción. Y Dios no viene a burlarse de nosotros cuando nos dice que vienen días de gloria, esta frase no es un slogan o solo palabras bonitas, es la esperanza para vencer la decepción.

El antídoto más eficiente para superar la decepción, es colocar a Dios como el centro de nuestras vidas. Cuando Él permanece en ese lugar, nada ni nadie podrá decepcionarnos,  porque Dios nunca nos falla; los humanos defraudan y pueden faltar, pero Dios no. Nuestro buen Dios hoy nos está pidiendo que le entreguemos nuestro corazón, Él sabrá cuidarlo y permanecer fiel aun en las peores circunstancias. Muchas veces la decepción tiene que llegar para que podamos darnos cuenta que lo humano siempre falla, y que Dios es el único que permanece fiel.

Ahora bien, la peor decepción que nos puede tocar, es la decepción hacia nosotros mismos, la que viene como consecuencia de haber cometido pecado, y por tener debilidades y limitaciones. Esta es la más peligrosa, debido a que empieza a minar la imagen de Dios en nuestras vidas, lo que Cristo hizo en la Cruz del Calvario por nosotros, y lo que Él puede hacer en nuestras vidas aun con debilidades. Tal vez sí le hemos fallado a Dios, pero la Biblia aclara que aunque siete veces cae el justo, vuelve a levantarse, (Proverbios 24:16), y Pablo dice que ciertamente debemos olvidar lo que queda atrás y extendernos a lo que tenemos adelante (Filipenses 3:13-14).

Salmo 40: 1-3: “Pacientemente esperé a Jehová, Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos. Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán, Y confiarán en Jehová.”

Cuando pasemos por la decepción, busquemos el consejo de Dios; y aunque lo perdamos todo en la vida, no dejemos que la esperanza mengüe. Pacientemente esperamos en Dios, porque cuando no dejamos de buscarle, aun en medio de los peores momentos, Él hará nuestro milagro. Cuando mantenemos nuestra esperanza, Dios nos hace salir del pozo de la desesperación. Él nos hará  justicia, porque nunca se olvida de nosotros. Así que, no permitamos que la decepción nos haga  perder la esperanza, porque mientras llega nuestro milagro, Dios está haciendo grandes cosas en nosotros, y ¡cuando la decepción se va, el milagro llega!