“Cuidando mi identidad espiritual”

Aunque somos vasos de barro, dentro de nosotros hay un gran tesoro, que es la vida del espíritu, que es la vida sobrenatural que Dios ha puesto en nosotros. Muchas veces no nos conectamos a esa realidad de esa vida sin límites, y ponemos la atención en tantas cosas que pasan fuera del vaso, miramos la fragilidad del vaso y su debilidad, pero debemos entender que el valor no está en él, sino en el tesoro que carga adentro. Si tú logras vivir de lo de adentro, y mantener tu identidad espiritual en este tiempo de tantos ataques, te mantendrás firme, porque lo primero que Satanás va a atacar es tu identidad, tu valor interno, lo que en realidad tú vales intrínsecamente por la vida de Cristo en ti.

Juan 1:12-13: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.”

La identidad que nos ha sido dada en Cristo Jesús es la autoridad de ser hechos hijos de Dios. Cristo no vino a la tierra a degradar al ser humano, vino a devolverle el valor, la posición y el auto respeto que el pecado le había quitado. Dios no vino a pagar un alto precio para que te quedes degradado, con baja estima y poco valor; vales mucho y Cristo vino para devolverte ese valor y la autoridad que habías perdido. Jesús bajó del cielo para elevarte a una posición e identidad de hijo de Dios, una posición de alto valor. Satanás es experto en ponerte un valor por lo que tienes afuera o lo que estás viviendo afuera; pero, tú no vales lo que la gente dice, no tienes el lugar que la sociedad dice y no eres lo que la gente dice de ti, al contrario, eres lo que Dios dice que eres.

La Sangre de Cristo era lo más alto que se podía pagar por la raza humana, y se pagó, tienes un valor incalculable y no hay diablo ni mundo que puedan pagar el precio que Jesús pagó por ti. El tesoro que cargas adentro es más valioso que las cosas temporales que puedas tener afuera. En el cielo no te preguntarán por las cosas materiales, sino que van a mirar tu identidad de haber creído, en tu fe en Cristo más allá de todas las pruebas que hayas atravesado. Tu fe es tan valiosa como las pruebas que atraviesas, tienes un tesoro grande, tienes un gran valor. No esperes encontrar a otro que te dé el valor que ya Cristo te dio; no esperes que otro te dignifique, ya Jesús lo hizo, por lo que debes conocer tu autoridad y tu valor en Él.

2 Corintios 13:5: “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?”

Tienes que empezar a verte como Dios te ve, y sentir lo que Dios cree de ti. No importa dónde estés hoy, Dios cree en ti, y una decisión de valentía puede cambiar tu historia, tienes que creer lo que Cristo ha hecho por ti. Si repruebas en la materia de tu identidad, repruebas en la materia de tu fe, porque la identidad le da fundamento a la fe que vas a tener para conquistar afuera; nada se conquista afuera hasta que conquistes una identidad. Que nadie te haga dudar del potencial, del valor y de la fe que hay en ti como hijo de Dios, nunca puedes dudar de tu identidad. El que tiene una identidad fuerte, siempre ve el potencial y el valor en los demás; cuando tienes una identidad, primero no te comparas con nadie y tampoco te ves como inferior a otros. Alguien que tiene valor en Cristo, le da el valor a todo lo que tiene a su alrededor; pero, cuando no tienes una identidad, empiezas a sentirte mal y a buscar los errores que encuentras en ti en lo demás. No permitas nunca que otros te digan quién eres, hay quienes no aguantan y pierden su identidad. ¡Tienes que saber quién eres en Cristo Jesús!