“Cuando Jesús te da su mano”

Hebreos 11:6: “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le ahí, y que es galardonador de los que le buscan.”

El creer en Dios es solo una parte de la fe, pero para que esta se complete en nuestra vida, debemos creer que Dios es real para nosotros. Hay situaciones que vamos a atravesar en las que la mano del hombre no nos va a poder ayudar; de hecho, algunas circunstancias, Dios las va a generar para que quedemos solos, con el propósito de que busquemos su mano. Y es lamentable que, a veces, prefiramos buscar la mano del hombre que la de Dios. El hombre podrá defraudarnos, pero solo la mano de Dios nos cambiará, dará destino y propósito.

Dios quiere una Iglesia conectada a Jesús y a su mano, porque los hombres son transitorios, solo Dios es eterno, y cuando permanecemos conectados a Jesús, aunque vengan malos momentos, vamos a permanecer. Cuando Jesús nos da su mano, somos transformados, fortalecidos y sanados. Un hombre puede orar por nosotros, pero Dios quiere que tengamos una relación con Él, en la que podamos conocerlo y acceder a Él todos los días del año.

Existirán enfermedades que los médicos no podrán curar, situaciones económicas que la cuenta bancaria no logrará solucionar, siempre van a haber adversidades que serán más grandes, y es allí cuando vamos a conocer la mano de Dios, pero solo con fe podremos ver su mano. Debemos creer que Dios está dispuesto a ayudarnos, Él es un Dios de los trabajados, de los débiles, y de los pecadores. ¡Hoy la mano de Dios sigue extendida sobre la tierra!

En la Biblia encontramos la historia de una mujer que padecía flujo de sangre. Dicen las Escrituras que había gastado toda su fortuna en médicos, aun así, nadie había podido ayudarla, y cuando ya no consiguió socorro en los hombres, corrió a Jesús, y miró su mano extendida. Debemos tener fe para creer que Dios es grande para con nosotros. ¡Somos favorecidos por Él!, cuando creemos esta palabra somos bienaventurados, porque lo que Dios dijo, se cumplirá. Cuando creemos las promesas de Dios, activamos su gracia y favor sobre nuestras vidas, y en ese momento el enemigo deja de ser nuestro señor.

Efesios 3:1-6: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado.

Lo que Dios bendice, nadie puede maldecirlo, ¡hemos sido favorecidos por Dios!, debemos caminar en esa bendición. Dios nos escogió, y por eso, tenemos valor, Él tiene un propósito con cada ser humano; existimos porque Dios quiere que se haga algo con nosotros en la tierra. ¡Creamos hoy que Dios es real para nosotros!