“Cuando hacemos planes sin Dios”

¿Se ha preguntado alguna vez por qué no prosperan sus planes? Generalmente trabajamos, nos organizamos, hacemos nuestros planes y nos esforzamos en cumplirlos, pero al final, lo que cosechamos es fracaso. La Biblia tiene mucho que enseñarnos y qué decirnos al respecto. El problema está en que excluimos a Dios de nuestros planes, y recurrimos a nuestra propia inteligencia, haciendo uso de nuestras capacidades y habilidades. Esto es necedad. Jesús llamó necio a aquel que excluyó a Dios de sus planificaciones. Lo que el hombre dice es una opinión, mas la Palabra de Dios es una verdad.

Lucas 12:16-21: “También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?  Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios”.

Cualquier especialista en negocios, pudo haberle dicho a este hombre que hacía lo correcto, porque estaba administrando sus bienes, sin embargo, el problema se presenta porque en ningún momento aparece Dios en medio de esos planes. Hoy en día, hay muchas personas que cumplen las mismas características que este hombre, cuya inteligencia es muy elevada, y sus finanzas son vastas, pero en medio de todo, no se toman el tiempo de dedicar al menos un poco de eso para Dios, y no lo incluyen en ninguno de sus planes. Lo único que conseguimos, con toda seguridad, cuando hacemos las cosas sin Dios, es fracaso.

Proverbios 10:21: “Los labios del justo apacientan a muchos, mas los necios mueren por falta de entendimiento”.

Así como nosotros planificamos, Dios también tiene planes para nosotros, pero, ¿alguna vez nos hemos preguntado cuáles son esos planes? Lo que el plan de Dios necesita para que se cumpla, es tu presencia en esta tierra, y cuando lo descubres, eres bendecido en todo lo que haces y emprendes.

¿Quieres ganar en lo que haces? Planifica incluyendo y tomando en cuenta a Dios. Tomarlo en cuenta, es escudriñar la Palabra para saber lo que Él nos ha dicho por medio de ella. En ocasiones oramos pidiendo dirección a Dios, para confirmar que lo que queremos hacer esté de acuerdo a su Palabra, y tendemos a frustrarnos por no recibir una respuesta audible, pero olvidamos que gran parte de las respuestas que requerimos están plasmadas en la Biblia.

Los planes de Dios siempre prevalecen sobre los tuyos. En la Biblia podemos ver que, hay caminos que al hombre le parecen rectos, pero acaban por ser caminos de muerte. Dios no bendecirá nuestros planes, sino los suyos, a menos que los nuestros estén alineados a Su voluntad. Al orar, debemos asegurarnos de que, lo que estamos escuchando no es la voz de nuestras emociones, sino la voz de Dios.

Nos acostumbramos a tomar decisiones fundamentales para la vida, sin tomar en cuenta la opinión de Dios. Por ejemplo, lo que nos garantiza el éxito en nuestros matrimonios, no es el amor mutuo, sino que realmente estemos haciendo la voluntad de Dios, porque en la etapa del enamoramiento, todo el mundo se ama, pero lo que en verdad permanece es la Palabra de Dios.

Nuestros sentimientos varían y nunca son constantes. Ya es tiempo de dejar de ser movidos por nuestros sentimientos, y comenzar a ser dirigidos por el Espíritu Santo de Dios. Jesús dijo: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho”. Si no hemos escuchado las palabras de Jesús, ¿cómo esperamos que el Espíritu Santo nos recuerde lo que Él dijo? Él necesita hallar Palabra de Dios en nuestros corazones, para tener más vocabulario para hablarnos. Él no nos hablará otra cosa que esté fuera de Su Palabra.

Mateo 6:24: “Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas”.

Cuando Dios no tiene el primer lugar en nuestras vidas, corremos el riesgo de que el dinero se convierta en nuestro señor. Entonces, comenzamos a actuar conforme a lo que el dinero nos dice que podemos hacer, y lo que no. Para evitarlo, necesitamos más bien permitir que Dios se convierta en nuestro Señor, para poder alcanzar todo lo que Él preparó para nosotros, lo cual podemos obtener solamente si creemos y tenemos fe. AL levantar nuestra fe, podemos declarar: “Yo tengo y puedo lo que la Biblia me dice; no lo que el dinero dice que tengo y puedo”.

Existen varias consecuencias de no tomar en cuenta a Dios en nuestros planes:

  1. Nuestros corazones se oscurecen y nos movemos fuera de Su dirección.

Romanos 1:21-22: “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios”.

  1. No contamos con las promesas divinas de protección y de provisión para nuestros planes.
  • Salmo 127:1: “Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican; si Jehová no guardare la ciudad, en vano vela la guardia”.
  • Proverbios 3:9-10: “Honra a Jehová con tus bienes,
    Y con las primicias de todos tus frutos; y serán llenos tus graneros con abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto”.
  1. No contamos con la bendición de Dios.

Proverbios 10:22: “La bendición de Jehová es la que enriquece, Y no añade tristeza con ella”.

¿Cómo logramos la bendición de Dios?

Deuteronomio 28:1-2: “Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra. Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios”.

Hay un principio financiero que nos enseñó Jesús: Al dinero no se le debe buscar, se le debe atraer. Cuando ponemos en primer lugar a Dios, nos convertimos en un atractivo para el dinero. Jesús dijo: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas”.

¡Conviértete en un atractivo para las finanzas y la bendición de Dios! Lo que desata la bendición de Dios, es la obediencia a lo que Él dice.

  1. Pagamos un alto precio

Proverbios 15:6: “En la casa del justo hay gran provisión; pero turbación en las ganancias del impío”.

¡No hay nada mejor que tener a Dios de nuestro lado! Cuando hacemos planes con Él, el diablo no tiene lugar en nuestras vidas.