Cuando Dios habla, todo cambia

Cada vez que nos acercamos a Dios, debemos hacerlo esperando algo nuevo. Es imposible que Él nos dé siempre lo mismo; Él no es un hombre, y tiene una manera muy diferente de ver las circunstancias.

La palabra de Dios está llena de ejemplos de hombres y mujeres que estaban en grandes problemas y tenían una inmensa necesidad de Dios. Incluso, la mayoría de nosotros, hoy día luchamos con muchas adversidades, pero venimos a la iglesia con expectativas de ser llenos por Él. Isaías, un gran profeta de Dios, reconoció sus fallas y debilidades pero también supo abrazar y apropiarse de la Palabra.

En el libro de hebreos dice que, por medio de la boca de Jehová, no solo fueron hechos los cielos y la tierra, sino que subsisten hasta el día de hoy. ¿Acaso cree usted que Dios no ve lo que usted está padeciendo? Debemos abrazar la  palabra de Dios y sus promesas hasta que se cumplan.

Cada vez que venimos a este lugar, venimos a escuchar las Palabras que provienen del corazón de Dios, para que esas Palabras cobren vida en nosotros

¡Para Venezuela hay esperanza, futuro, bendición, paz, prosperidad y vida en abundancia! Echemos raíces en la Palabra de Dios y comencemos a fructificar. Comencemos a declarar vida para nuestra tierra. ¡Venezuela, alégrate y no temas! ¡Dios extiende sobre ti paz como un río!

Isaías 66:6-10, 12-14: “ Voz de alboroto de la ciudad, voz del templo, voz de Jehová que da el pago a sus enemigos. Antes que estuviese de parto, dio a luz; antes que le viniesen dolores, dio a luz hijo.  ¿Quién oyó cosa semejante? ¿quién vio tal cosa? ¿Concebirá la tierra en un día? ¿Nacerá una nación de una vez? Pues en cuanto Sion estuvo de parto, dio a luz sus hijos. Yo que hago dar a luz, ¿no haré nacer? dijo Jehová. Yo que hago engendrar, ¿impediré el nacimiento? dice tu Dios. Alegraos con Jerusalén, y gozaos con ella, todos los que la amáis; llenaos con ella de gozo, todos los que os enlutáis por ella… Porque así dice Jehová: He aquí que yo extiendo sobre ella paz como un río, y la gloria de las naciones como torrente que se desborda; y mamaréis, y en los brazos seréis traídos, y sobre las rodillas seréis mimados… Y veréis, y se alegrará vuestro corazón, y vuestros huesos reverdecerán como la hierba; y la mano de Jehová para con sus siervos será conocida, y se enojará contra sus enemigos.”