¿Cuál es mi llamado?

No existe una persona que nazca sin llamado y o sin propósito, todos tenemos habilidades y talentos únicos. Nadie es tan pobre como para no tener nada que dar y nadie es tan rico como para no tener nada que recibir. Lo que realmente importa en la vida es a las personas a quienes hemos ayudado y levantado; además, que lágrimas hemos secado y a quien hemos servido. No es necesario tener cierto status social o algún título universitario para sentirnos realizados, el día en el que realmente conectemos con nuestro llamado y propósito, encontraremos nuestro destino y seremos realmente felices.

No hay nada más triste que una vida sin propósito, es decir, estar vivo y no sabe por qué y para qué. Existimos porque Dios nos soñó y porque colocó algo en nosotros que es necesario que se dé. No somos demasiado viejos para cumplir el propósito de Dios ni tampoco demasiado jóvenes para hacerlo, mientras vivamos y respiremos tenemos la oportunidad de conectar con nuestro llamado y propósito.

Marcos 3: 13-15: “Después subió al monte, y llamó a sí a los que él quiso; y vinieron a él. Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar, y que tuviesen autoridad para sanar enfermedades y para echar fuera demonios”.

La primera convocatoria que Dios nos hace es a tener una relación con Él, porque cuando tenemos una relación con el Dios al cual servimos, podemos tener un llamado, solamente de Él podremos recibirlo, quien fue el que murió por nosotros en la Cruz de Calvario. Y una vez que recibimos el llamado, Dios nos da una palabra para que la hablemos a otros, para que de esta forma ejerzamos la influencia de un Rey que viene a recuperar su Reino. Además, de Dios recibimos el poder y la autoridad para sanar toda enfermedad y echar fuera demonios; todos tenemos esa comisión. En nosotros hay algo que Dios colocó que debe ser compartido con otros, pero antes de darlo a otros debemos tener una relación con Él. No se puede desarrollar un don sin desarrollar una relación con el Dios que nos llamó a servirle. Necesitamos no solamente hacer algo para Dios, sino que Él haga algo con nosotros.

Todos tenemos un llamado, y el llamado es a estar con Jesús, a hablar de su mensaje, y no solamente a eso, sino a sanar toda enfermedad y a liberar a todo cautivo, pero no podemos accionar en ese llamado sin Dios, porque separados de Él nada podemos hacer. Una mentalidad muy peligrosa para los que sirven a Dios es medir la espiritualidad de alguien en base de la cantidad de trabajo que hace para Dios. Jesús es el pan de vida, y lo que realmente nos alimenta no es un servicio a Dios, sino una relación con Jesús. Lo primero que todo servidor necesita antes de servir a Dios, es tener una relación con Él. Nuestro primer llamado es a una relación con Dios, luego es lo demás.