Cristianismo, no fatalismo

Marcos 12: 26 – 27: “Pero respecto a que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés cómo le habló Dios en la zarza, diciendo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino Dios de vivos; así que vosotros mucho erráis.”

Dios es un Dios de vivos, y toda persona que cree en Él, no es fatalista. Una de las cosas que ha dañado en gran manera a la Iglesia, es el fatalismo que se ha introducido en ella. Nosotros no somos criaturas de fatalismo, de muerte, sino criaturas de fe, y como tal debemos vivir de acuerdo a este principio, porque el justo por su fe vivirá (Habacuc 2:4). Si somos cristianos, no podemos esperar lo peor, sino lo mejor; por lo que no podemos anunciar días de juicio, sino de gloria.

Atraemos dos cosas: lo que creemos o lo que nos causa temor. Así que, si queremos repeler lo que no nos agrada, no le temamos. Ahora bien, la única forma de no temer, es creer. Y cuando empezamos a creer, atraemos eso que estamos creyendo, es decir, bendición, sanidad, salud, victoria y el futuro que Dios tiene para nuestras vidas. No podemos esperar algo diferente a lo que creemos.

Romanos 15:13: “Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo.”

Dios es un Dios de esperanza, y la esperanza atrae gozo, paz y llenura del Espíritu Santo. Él nos ha prometido días de gloria y aunque esos días se tarden, debemos seguir esperándolos, porque ciertamente llegarán, no sabemos cuándo ni cómo, pero de seguro vendrán (Habacuc 2:3). Recordemos que, cuando la noche está más oscura, es porque ya va a amanecer, entonces si la noche está muy oscura debemos alegrarnos, eso quiere decir que ya está próximo el amanecer. Mientras tanto, debemos guardar nuestro corazón para seguir amando, perdonando, y no odiando. Si queremos salvar a un país, no puede ser sembrándole más odio.

Si nuestro Dios es esperanza, podemos tener claro que lo que Él quiere es que vivamos con gozo, no llenos de queja. Así que, o somos cristianos con gozo o incrédulos amargados.

Dios es un Dios de esperanza, y nacimos para que las esperanzas vivan con nosotros, así que, nadie puede ver a Jesús siendo fatalista. Fuimos llamados a ser creyentes, y a vivir la vida de Jesús; al vivir de esta forma, no podemos andar esperando lo peor, sino lo mejor.

Juan 6:58: “Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente.”

Cada vez que ejercemos fe en Jesús, nos alimentamos de su vida, y cada vez que comemos de esa vida, nuestra alma se rejuvenece. En esta dinámica es que debemos vivir para no ser fatalistas. No hay manera de vivir en esta vida sino es por fe, porque el justo por su fe vivirá (Habacuc 2:4).