“Creyendo juntos por un país”

Quiero que sepan muy bien que la fe no es para que ustedes se adapten a las circunstancias; la fe es para que ustedes cambien las circunstancias. El Evangelio hace que estemos en constante cambio y no permite que nos estanquemos. De esta manera, estamos llamados a mejorar y avanzar a un nivel mayor de vida para acercarnos al estándar de vida en el Cielo. Es tiempo de levantarnos, influenciar a la sociedad con el mensaje de Jesús, y de creer por el cambio para ella.

Marcos 2:1: “Entró Jesús otra vez en Capernaúm después de algunos días; y se oyó que estaba en casa”.

Cuando Jesús tiene que hacer algo en un país, no se retira, se queda. Lo más importante para nosotros debe ser traer a Jesús a cada comunidad, pues la garantía para que haya vida, paz y bendición, es llevar su presencia a nuestra casa. Hay personas que se congregan en la iglesia, y piensan que dejan a Dios en el templo, pero si comprendieran que su presencia va con ellos, aun hasta sus hogares, y vivieran entendiendo esta verdad, la atmósfera en sus casas cambiaría.

V 2-4: “E inmediatamente se juntaron muchos, de manera que ya no cabían ni aun a la puerta; y les predicaba la palabra. Entonces vinieron a él unos trayendo un paralítico, que era cargado por cuatro. Y como no podían acercarse a él a causa de la multitud, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo una abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico.

Cuando el problema de uno se convierte en el problema de todos, todos se abocan al problema de uno. Este es el principio de la solidaridad. Cuando hay problemas de sectarismos, la prioridad de todos no será la misma. Si en Venezuela hay división, su prioridad no será salvarla, mas cuando todos tengan como primera necesidad atender a su país, esto mejorará. Si el país mejora, nuestra condición mejorará. Si Jesús está en la casa, todo va a mejorar.

Estos cuatro hombres de los que hace referencia la Palabra, empezaron a tener fe por uno – el paralítico – . Los hombres decidieron montarlo en sus lomos, y por encima de sus problemas personales, creyeron por el milagro de quien estaban cargando y se encargaron de convencerlo de que la solución radical para su vida no era otra cosa sino Jesús. Ellos se dirigieron a un individuo imposibilitado, y lo primero que le dijeron fue que Jesús era su única solución. Esto, era lo más importante. El hombre paralítico, luego de estar convencido de aquella verdad, se preguntó cómo podría acercarse a Él; pero los hombres respondieron diciendo “nosotros te llevaremos a Jesús”. Una vez que nosotros vivimos la necesidad de cerca, se nos hace imposible insensibilizarnos ante tal situación. Me cuesta entender el tipo de fe que vive cualquiera que diga que es cristiano, y se olvida de las personas en situación de calle. Nuestro Señor Jesús, iba por cada aldea, atendiendo y sirviendo a cada persona necesitada que se le acercaba; nunca les dio la espalda. Una de la principales enseñanzas de Jesús, es el hecho de sensibilizarnos ante los problemas y las necesidades de otros, dejando de pensar en lo “micro” para pensar en lo “macro”.

Nuestra forma de servir a la gente debe ser sincera. Si queremos ver grandes y radicales cambios en Venezuela, debemos enfocarnos en la raíz del verdadero problema. Esto es espiritual. La sociedad venezolana debe regresar a los valores cristianos sólidos. Venezuela no se desarrolló sobre alguna otra religión, sino sobre la fe cristiana. El trabajo es de todos, por lo tanto, no podemos permitir que nadie caiga en decepción o desesperación. No importa dónde vayamos, sigue siendo nuestro país. Yo prefiero vivir y permanecer en el lugar a donde pertenezco, y luchar hasta las últimas consecuencias por él.

Una de las características claras de la tierra que Dios le prometió al pueblo de Israel, fue que había los gigantes. Cuando Moisés envió a los doce espías a la tierra prometida, diez de ellos vieron a los gigantes que la habitaban y se rindieron, pero dos de ellos vieron por debajo de los gigantes, todo lo que la tierra tenía, aquella tierra era “Canaán” – esta, nuestra tierra, Venezuela, fue llamada “tierra de gracia” –. Estos dos, eran Josué y Caleb, a quienes no les importó cuántos gigantes había y prefirieron luchar para poseer la tierra prometida. Ambos sabían que no había otro lugar como aquél. En efecto, los historiadores dicen, que muchos de aquellos gigantes se convirtieron en cosechadores de lo que era trabajado en las tierras de Canaán y eran ayudantes. Los obstáculos terminan sirviendo al que cree. Muchas veces, Dios usa los obstáculos para luego servir a los que decidieron creer. Las circunstancias difíciles, solo nos harán más fuertes.

De esta manera, se le presentó una adversidad a los cuatro hombres que cargaban al paralítico: La multitud entre ellos y Jesús. Ellos, no se rindieron, ni dieron vuelta atrás. Siempre tendremos obstáculos por enfrentar, pero con la fe, siempre viene una estrategia. Cuando los cuatro hombres vieron que no había ninguna puerta para presentarle el paralítico a Jesús, se determinaron subir al techo para abrir un espacio y así poder acercarlo al maestro. Las soluciones de Dios serán las más difíciles la mayor parte del tiempo. ¡No te decepciones! Cuando hay fe, hay determinación. De esta forma haremos lo necesario para que Venezuela conozca a Jesús.

V5: “Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados”.

A nuestro Señor le gusta la gente atrevida que avanza por encima de las dificultades. Además de haber hecho un esfuerzo sobrenatural para bajar al paralítico en la casa donde Jesús se encontraba, todo ese trabajo no era para ellos mismos, sino para conseguir la sanidad de aquel hombre. Lo que movió al hombre en el lecho hasta Jesús fue la fe de los cuatro hombres que lo cargaban. Jesús, al ver su fe, perdonó los pecados del hombre y no importó más su pasado. Si seguimos viendo nuestro pasado no podremos arrebatar lo que Dios nos ofrece.

V6-7: “Estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales cavilaban en sus corazones: ¿Por qué habla éste así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?”

Cuando el problema de un país no es la adversidad que atraviesa, sino un partido o una ideología, entonces, la adversidad por la que atraviesa pasará a un segundo plano. A los escribas que estaban presentes en tal escena, les importaban más mantener la ideología y las normas que la necesidad del paralítico.

V8-9: “Y conociendo luego Jesús en su espíritu que cavilaban de esta manera dentro de sí mismos, les dijo: ¿Por qué caviláis así en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Levántate, toma tu lecho y anda?”

A Jesús no le importaba tanto cómo fuera perdonado el hombre, ni quién lo perdonara, sino que simplemente fuese perdonado. La prioridad de Jesús era resolver el problema del hombre lisiado en el lecho, y no seguir discutiendo por pensamientos ni ideologías. Jesús, en otras palabras enseñó a la multitud: “Enfóquense en la solución del problema, porque si se ocupan en discutir por sus maneras de pensar o en expresiones institucionales, se dividirán”.

V10-11: “Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa”.

La respuesta era Jesús. Él hizo el milagro completo. Cuando Él hace las cosas, las hace bien, y así nos levantará, para empezar a ser el país de más influencia. ¡Es tiempo de levantarnos! Levantemos nuestros ojos a Dios, porque de Él viene nuestro socorro. Lo que El Señor hará en este país, estará a la vista de todos, para que todos lo glorifiquen, porque lo que veremos no se ha visto en otra nación. ¡Vienen días de gloria para este país! Les puedo asegurar que vienen, y mientras lleguen, seguiremos creyendo por su salvación. Nuestra solución no está en ningún hombre, sino en Jesús. ¡Creamos sin decepcionarnos, y aboquémonos a atender las necesidades de la nación, sabiendo que sí es posible! La imposibilidad solo se encuentra en el corazón del incrédulo. Dios anunció palabras de bendición para este país, y por ende, yo creo en lo que Él ha hablado. No dudo en las palabras de Dios, y aunque no sé cuándo ni cómo veremos la transformación de Venezuela, sé Quién lo hará. ¡No te decepciones, vienen días de gloria para este país!