“Crean la palabra del profeta”

La Biblia dice en 2 Crónicas 2:20: “Creed en Jehová vuestro Dios y estaréis seguros; creed a sus profetas y seréis prosperados”.

Es el momento de decidir oír a Dios y creerle, pero también creer en sus profetas para recibir esa prosperidad que Él nos promete en Su Palabra. Para que nos vaya bien en la vida, Jesús nos da indicaciones especiales: 1. Creerle a Dios para estar seguros, y 2. Creerle al hombre de Dios para ser prosperados. Nuestra es la decisión de seguir sus consejos, o vivir de acuerdo a nuestra propia opinión.

La palabra de Dios no se mide por tu opinión sobre quien la predica. Normalmente, las personas se hacen imágenes o ideales incorrectos respecto a los hombres de Dios, lo que les lleva a juzgarlos y señalarlos sin un verdadero motivo. Al hablar de esta manera, invalidamos la bendición que viene a nuestras vidas mediante la Palabra que Dios nos quiera dar en el momento. Nuestro enfoque debe estar en conocer plenamente a Jesús, más que a sus predicadores.

Probablemente, no siempre nos agradará la forma de predicar de un hombre, pero esto no quiere decir que lo que tal hombre dice, no provenga de Dios. Un claro ejemplo tenemos en Juan el Bautista, quien nunca cambió su mensaje, a pesar de no agradarle a muchos; él solo decidió obedecer a Dios. También podemos verlo cuando Jesús tomó los pergaminos en la Sinagoga, citando al profeta Isaías en primera persona, muchos cuestionaron sus palabras y no le creyeron. No dejemos que, al igual que aquellos incrédulos, dudemos de las palabras del hombre de Dios.

Es necesario que entendamos la importancia de recibir la Palabra de Dios y no permitir que nuestros pensamientos nos distraigan de ella. Naturalmente, queremos recibir los milagros de una manera en específico, basados en nuestra limitada imaginación, y siendo obstáculos para ver la gloria de Dios en su plenitud.

Si el hombre de Dios trae una palabra de parte del Cielo a tu vida, no permitas que muera; para esto se requiere la determinación de dejar la desesperanza y el desánimo a un lado, para comenzar a creerle con todo nuestro corazón.

Dios ha proclamado grandes cosas para Venezuela. Aferrémonos entonces a la esperanza de ver cumplidas todas sus promesas en esta nación y en nuestras vidas. Él no se mide por los indicadores económicos de un país para poder llevar a cabo sus planes, sino a su ilimitado poder.

Cada una de las palabras que Dios ha dicho de ti, de tu familia y de tu país, se cumplirán en Su tiempo perfecto. ¡No lo dudes! ¡Veremos con nuestros propios ojos, que vienen días de gloria para Venezuela!