“Construye tu propio altar a Dios”

Génesis 28:10-18: “Salió, pues, Jacob de Beerseba, y fue a Harán. Y llegó a un cierto lugar, y durmió allí, porque ya el sol se había puesto; y tomó de las piedras de aquel paraje y puso a su cabecera, y se acostó en aquel lugar. Y soñó: y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella. Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente. He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho. Y despertó Jacob de su sueño, y dijo: Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía. Y tuvo miedo, y dijo:!!Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo. Y se levantó Jacob de mañana, y tomó la piedra que había puesto de cabecera, y la alzó por señal, y derramó aceite encima de ella.”

Génesis 35:1-3: “Dijo Dios a Jacob: Levántate y sube a Bet-el, y quédate allí; y haz allí un altar al Dios que te apareció cuando huías de tu hermano Esaú. Entonces Jacob dijo a su familia y a todos los que con él estaban: Quitad los dioses ajenos que hay entre vosotros, y limpiaos, y mudad vuestros vestidos. Y levantémonos, y subamos a Bet-el; y haré allí altar al Dios que me respondió en el día de mi angustia, y ha estado conmigo en el camino que he andado. Así dieron a Jacob todos los dioses ajenos que había en poder de ellos, y los zarcillos que estaban en sus orejas; y Jacob los escondió debajo de una encina que estaba junto a Siquem. Y salieron, y el terror de Dios estuvo sobre las ciudades que había en sus alrededores, y no persiguieron a los hijos de Jacob. Y llegó Jacob a Luz, que está en tierra de Canaán (esta es Bet-el), él y todo el pueblo que con él estaba. Y edificó allí un altar, y llamó al lugar El-bet-el, porque allí le había aparecido Dios, cuando huía de su hermano. Entonces murió Débora, ama de Rebeca, y fue sepultada al pie de Bet-el, debajo de una encina, la cual fue llamada Alón-bacut. Apareció otra vez Dios a Jacob, cuando había vuelto de Padan-aram, y le bendijo. Y le dijo Dios: Tu nombre es Jacob; no se llamará más tu nombre Jacob, sino Israel será tu nombre; y llamó su nombre Israel. También le dijo Dios: Yo soy el Dios omnipotente: crece y multiplícate; una nación y conjunto de naciones procederán de ti, y reyes saldrán de tus lomos.”

Es importante que construyas tu altar porque nadie puede hacerlo por ti, ni siquiera Dios, pues debe ser una decisión tuya. El altar a Dios se refiere a ese lugar en tu corazón donde hay intimidad entre Dios y tú, en el que la presencia de Dios mora y habita contigo. Allí, puedes ser sincero, y derramar tu corazón porque estás libre de la crítica, y puedes entregar tus cargas; es un lugar de relación e intimidad con Dios.

Jacob, antes de que Dios le pidiera un altar, había tenido experiencias con Él, pero a pesar de haber sentido la presencia de Dios y tener promesas para su vida, él seguía siendo el mismo tramposo y ninguna de esas promesas se hacía realidad, porque él no tenía un altar en su vida. Muchos cristianos no pueden cambiar su estilo de vida, siguen sintiéndose atados y asfixiados por las debilidades, vicios y demás, porque no tienen un altar para Dios, se vuelven personas con promesas, pero sin altar y ¡Dios desea una comunión íntima contigo!

Tener experiencias con Dios no es lo mismo que tener relación con Él, en este punto corres el riesgo de volverte religioso y abusar de su gracia; sin embargo, Dios siempre se acercará a ti esperando que cambies y procedas al arrepentimiento. Al levantar un altar para Dios, Él cambiará tu destino.

Cuando estableces una relación con Dios, lo primero que Él hace es fortalecer tu hombre interior, y tendrás dominio propio para poder vencer; de lo contrario, siempre fracasarás en aquello en lo que no has podido avanzar. Dios siempre ha querido tener un lugar donde reunirse contigo, un lugar en el que solo estén Él y tú, nadie más.

Cuando no tienes un lugar para Dios, nunca podrás tener éxito en algo, porque ese altar con Dios te enseñará el valor del sacrificio y este te hará obtener éxito. Muchos cristianos quieren gloria sin sacrificio y no obtendrán corona de oro hasta que se coloquen la de espinas. El símbolo de la cristiandad es la cruz porque representa sacrificio. Debes entender el valor del sacrificio, aun el cielo no le puso nada fácil a Jesús; siendo el Rey de reyes y Señor de señores, Él empezó desde abajo y el Padre le enseñó el valor del sacrificio.

Dios te ha provisto de salud, promesas y palabra, tú debes creerlo. Quien no tiene una relación con Dios no podrá sacrificar nada; podrá tener la voluntad y el buen deseo, pero no concretará nada. Nunca lo fácil nos ha enseñado, siempre las mejores lecciones nos la ha dado Dios en el horno de fuego, en el sacrificio, en la cruz, es ahí donde formamos nuestro corazón; el mejor lugar para aprender es donde nos encontramos humillados. Cuando tienes un altar a Dios el enemigo te pone todas las trabas, pero tú las vences, porque puedes sacrificar todo en ese altar. El problema de muchos es que han colocado a Jesús en la cruz y ellos se sientan en el trono; debes colocarte en la cruz y devolver a Jesús al trono.

El altar es un lugar de servicio y no puedes hacer un servicio a Dios sin una relación con Él. Servir a Dios no es ir a la iglesia a hacer lo que te provoca, servirte a ti mismo; lo importante no es que hagas algo para Él, es más bien escuchar que te diga lo que tienes que hacer. Es triste descubrir al final de tu vida que gastaste el tiempo haciendo cosas que Él no te mandó a hacer, pero cuando tienes un altar con Dios, Él te dirá qué hacer cada día. Hoy, cualquiera que hace algo para Dios dice que es siervo, pero siervo es aquel que obedece lo que Dios le manda a hacer. Serás un gran siervo de Cristo si tienes un altar con Dios.

El altar es el lugar en el que Dios se te revela, es ahí, en tu altar, donde conoces al Dios Todopoderoso; solo en este lugar podrás conocer quién es Dios. Hay muchos que conocen conceptos de Él, experiencias de otros, pero no lo conocen, porque no se ha revelado a sus vidas. El altar es un lugar para definirte, en él conocerás a Dios y conocerás quién eres tú, porque no eres lo que dices, eres lo que Dios te llamó a ser. Muchos en la Iglesia no están definidos porque no tiene altar con Dios, están contaminados por lo que escuchan o ven, y dejan de buscar respuesta en su lugar de encuentro e intimidad con Dios.