Confiando en las misericordias de Dios

Salmo 23:6: “Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, Y en la casa de Jehová moraré por largos días.”

A David, escritor de los Salmos, le gustaba colocar su fe en un lugar seguro, y aunque fue un hombre que cometió muchos errores, colocó su fe en la misericordia de Dios, tenía claro que Dios no era un Dios de juicio, sino de misericordia y perdón.

Salmo 32: 10: “Muchos dolores habrá para el impío; Mas al que espera en Jehová, le rodea la misericordia.”

David, confiaba en la misericordia de Dios eternamente y para siempre. Así que, cuando nuestra fe está fundada en lo que Dios es y sabemos que Él es infinitamente misericordioso, cuando pecamos o fracasamos podemos orar a Él con tranquilidad, porque nuestra fe no está puesta en lo que somos, sino en lo que Él es. La personalidad y carácter de Dios son misericordia, y cuando entendemos esto, tenemos un fundamento para nuestra fe, y aunque sabemos que no merecemos nada, venimos ante Él reconociendo que es un Dios tardo para la ira y grande en misericordia.

De ahora en adelante, al orar tengamos un fundamento en el que podamos apoyar nuestra fe, y de allí en adelante desarrollarla o construirla, y que ese fundamento de nuestra fe pueda estar centrado en que Él es misericordioso.

Daniel 9:4-6,9-10,18: “Y oré a Jehová mi Dios e hice confesión diciendo: Ahora, Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan tus mandamientos; hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho impíamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus ordenanzas. No hemos obedecido a tus siervos los profetas, que en tu nombre hablaron a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros padres y a todo el pueblo de la tierra. De Jehová nuestro Dios es el tener misericordia y el perdonar, aunque contra él nos hemos rebelado.  y no obedecimos a la voz de Jehová nuestro Dios, para andar en sus leyes que él puso delante de nosotros por medio de sus siervos los profetas. Inclina, oh Dios mío, tu oído, y oye; abre tus ojos, y mira nuestras desolaciones, y la ciudad sobre la cual es invocado tu nombre; porque no elevamos nuestros ruegos ante ti confiados en nuestras justicias, sino en tus muchas misericordias.”

Cuando oremos a Dios hagámoslo creyendo que Él es más grande que nuestro problema. Daniel, no basó su oración en su justicia, ni en lo que hacía para Dios, sino que reconocía que el pueblo se  había alejado de Dios, por lo que él no se apoyaba en que ellos fueran los mejores, sino en que Dios era el mejor, perfecto, misericordioso y bueno. Fundamentemos nuestra fe al orar, en que Dios es bueno, y en que puede sacarnos de la situación por la cual podamos estar atravesando, porque si nuestra fe es enfocada de esta forma, nuestro milagro está a la puerta. Recordemos que un día será el enojo de Dios, pero su misericordia dura toda la vida. ¡Oremos confiados en la misericordia de Dios! Y aunque pasen los días y no veamos su respuesta, sigamos persistiendo porque de seguro nuestro milagro llegará.