Autoridad para decretar tu milagro

Job 22:28: “Determinarás asimismo una cosa, y te será firme, y sobre tus caminos resplandecerá luz.”

Necesitamos con urgencia entrar a un mayor nivel de autoridad espiritual. El enemigo constantemente trata de hacer que esta autoridad mengue en nosotros, porque sabe que de allí provienen nuestros resultados; y es que, apoderarnos de nuestra autoridad como hijos de Dios hará que el enemigo retroceda, saque sus manos de lo que está impidiendo que fluya nuestra bendición, y finalmente, que podamos conquistar el milagro que tanto estamos creyendo y esperando.

Un ensanchamiento en nuestro nivel de autoridad hará que cosas nuevas y diferentes empiecen a suceder, y que puertas que estaban cerradas se abran. Así que, es muy importante que trabajemos en lo que Jesús nos delegó y entregó a través de su muerte y resurrección, es decir, autoridad espiritual. Ahora bien, debemos decidir y decretar, porque si decidimos algo y lo decretamos con autoridad, entonces eso será establecido, indicando esto que, si no lo decretamos con autoridad, no va a acontecer. Dios nunca hizo nada en la tierra a menos que un hombre participara en el milagro, porque nadie va a confesar a favor de nuestro milagro desde los terrenos espirituales, a menos que nosotros mismos lo hagamos. Debemos empezar a decidir y a decretar.

Jesús nos dio una clave muy importante, y es que, cuando la fe va a operar, necesita la voz de autoridad del creyente, porque Él dice que la montaña no se mueve por cualquier confesión, sino por un decreto basado en la Palabra de Dios, y en un hijo que habla con autoridad a ese monte. Jesús no les dice a sus hijos que le pidan permiso al monte para pasar, sino que le hablen con autoridad para que este se mueva (Mateo 11:23), lo que nos aclara que la Biblia nos ha dado autoridad para remover circunstancias y obstáculos. Pero las circunstancias no van a responder a un hijo de Dios débil, sin identidad, poder y autoridad espiritual. La fe se une al nivel de revelación de la autoridad que Cristo nos ha entregado por medio de la Palabra. Decretar viene más de un término legal, y cuando decretamos, estamos estableciendo, porque estamos hablando la ley de Dios en un asunto que creemos; no estamos hablando por nuestra propia cuenta, sino estableciendo la Palabra de Dios en un asunto.

Génesis 1:4: “Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas.”

Dios dirigió sus palabras hacia el problema, Él se paro con autoridad e identidad en medio del caos y lo transformó con una palabra de autoridad. Es sorprendente el nivel de autoridad que tenemos para que lo que llamemos venga. Si nosotros creemos, de nuestra boca tiene que salir la abundancia de la Palabra para llamar las cosas que no son como si fuesen (Romanos 4:17), pero no debemos llamarlas tímidamente o de vez en cuando, hay que llamarlas con la autoridad de la Palabra todos los días.

Jesús dijo que cuando la autoridad espiritual se recupera, en su nombre podremos sanar enfermos, libertar a los cautivos, echar fuera demonios, resucitar muertos; en otras palabras, cuando recuperamos la autoridad, el poder sobrenatural de los milagros se activa en nuestra vida. Jesús les dijo a sus discípulos que en su nombre, las cosas que le vieron hacer, las harían también, y aun cosas mayores (Juan 14:12). A nosotros nos ha sido entregada una autoridad que ya ha ganado y vencido sobre todas la adversidades que enfrentamos, porque Cristo, al resucitar entre los muertos, derrotó a todos los enemigos de la fe, y ahora tenemos esa vida de resurrección dentro de nosotros. ¡Atrevámonos a orar por los enfermos en el nombre de Jesús y a reclamar milagros sobrenaturales en este nombre, porque cosas grandes sucederán!