Cómo atraer abundancia con la fe

Mateo 11:24: “Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.”

En el Reino de Dios las bendiciones no se persiguen, se atraen. No perdamos el lenguaje de la fe aunque estemos viendo algo diferente a lo que esperamos. Hablemos de abundancia aunque en lo natural veamos escasez, porque la fe llama las cosas que no son como si fuesen. Nuestra fe tiene el poder de atraer todo lo que creemos con el corazón y sin dudar.

Mateo 6:33: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.”

¿Qué estamos atrayendo a nuestras vidas? Porque así como la fe atrae bendición, salvación, vida eterna y abundancia, también la incredulidad, los miedos e inseguridad atraen lo negativo. Dice la Biblia que lo que temí, eso me vino (Proverbios 10:24); por lo que nosotros mismos podemos atraer cosas negativas a nuestras vidas. Necesitamos una gran fe para cumplir con la visión que Dios nos ha dado, y debemos estar muy atentos, porque en tiempos difíciles podemos caer en el error de usar mal nuestro mayor activo en el área espiritual, que es nuestra fe, y atraer a nuestra vida derrota, en vez de victoria y abundancia. Dios nos ha entregado una tierra con grandes posibilidades, pero toda tierra que Dios nos entrega debe ser conquistada con valentía y con una fe arriesgada.

Josué 1:8: “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.”

La meditación de la Palabra de Dios trae abundancia, por lo que debemos llenar nuestra mente con lo que ella dice. Meditar en la Palabra es la mejor antesala para orar bien, porque entonces oraremos conforme a esa Palabra que previamente leímos. Si meditamos en lo que dicen las Escrituras, haremos prosperar nuestro camino y todo nos saldrá bien. Limpiemos nuestra mente de los obstáculos que no dejan funcionar nuestra fe. Meditar es el proceso mediante el cual el Espíritu Santo nos hace sabios y entendidos de la verdad de la Palabra, y esta práctica nos lleva a tener una óptica más clara de lo que ella dice.

Génesis 1:26-27: “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.”

Atraemos lo que somos. Cuando Dios creó al hombre le impartió su naturaleza, al hacer esto, lo bendijo y le dio la manifestación de su naturaleza, es decir, dominio y autoridad. Es lo primero que Dios le da al hombre y la primera característica que le dice que ponga en práctica, porque después de eso, todo lo material le va a responder y venir a sus manos, debido a que está ejerciendo la misma imagen de Dios. Todo lo material le responde al hijo de Dios que habla con la misma autoridad de su Padre.

Proverbios 18:21: “La muerte y la vida están en poder de la lengua, Y el que la ama comerá de sus frutos.”

Atraemos con nuestras palabras. Las palabras que confesamos a diario, el nombre que le damos a la situaciones, es lo que atraemos. Debemos revisar qué nos está viniendo, para que entonces podamos descifrar lo que estamos hablando. Debemos tener un lenguaje de acuerdo a la Palabra de Dios. Llamemos de manera correcta lo que queremos que venga a nuestras manos.

Gálatas 6:7: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.”

Atraemos la cosecha de lo que sembramos. Decidimos lo que queremos cosechar, porque somos los responsables de lo que sembramos. Nosotros decidimos nuestra cosecha, no lo hace el sistema político, ni social ni los economistas, sino el Espíritu Santo y nosotros, porque somos nosotros quienes decidimos lo que sembramos. Todo lo que el hombre sembrare, eso mismo segará. No debemos afanarnos en la cosecha, sino en ser diligentes en la siembra.

Isaías 60:1-5: “Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti. Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria. Y andarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento. Alza tus ojos alrededor y mira, todos éstos se han juntado, vinieron a ti; tus hijos vendrán de lejos, y tus hijas serán llevadas en brazos. Entonces verás, y resplandecerás; se maravillará y ensanchará tu corazón, porque se haya vuelto a ti la multitud del mar, y las riquezas de las naciones hayan venido a ti.”

Si atraemos gloria, atraemos abundancia. Empecemos a pedir un mayor nivel de la gloria de Dios sobre nuestras vidas. Recuperemos el altar de adoración, y atraigamos el brillo de la gloria de Dios, porque cuando la gloria de Dios resplandece, los que nos habían dejado regresan, y no vuelven con las manos vacías, por eso es que la Biblia dice que cuando quiere llenar de abundancia su casa, primero la llena de gloria. ¡Llenémonos de la gloria de Dios! El brillo de la gloria de Dios atrae las bendiciones hacia nosotros.