“Abundante esperanza”

Las situaciones que hoy vivimos no nos pueden hacer perder la esperanza, porque con una abundante esperanza podremos ahogar las malas noticias. La esperanza tiene la connotación única de ofrecer futuro, es la única capaz de hacernos ver más allá de la situación actual, y hace que nos sobre pongamos a cualquier crisis que podamos atravesar. La esperanza es una de las mayores armas que el cielo nos dejó para vencer en la tierra, y ella puede terminar venciendo antes de la confrontación; no hay oscuridad, ni infierno, ni circunstancia que pueda vencer la esperanza de un creyente que está de pie en su fe y convencido de que vienen días mejores para él.

Con una esperanza abundante, no hay ningún tipo de problema que pueda hacer que nos hundamos, sino que como Pedro, caminaremos sobre los problemas con abundante esperanza. La esperanza está anclada en la fe, pero el autor y consumador de la fe se llama Jesucristo, es decir, nadie puede tener una esperanza más solida, que aquel que espera en Jesús. No pongamos nuestra esperanza en hombres, porque terminaremos decepcionados, ella debe estar puesta en Jesús, porque Él nunca pierde, siempre gana, y nos saca en triunfo.

Romanos 15:13: “Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo.”

La voluntad de Dios no es que tengamos esperanza, sino que abundemos en ella, y Dios nos pide que tengamos absoluta confianza en el Dios de esperanza, porque esta nos permitirá sobreponernos a lo que vemos y oímos. Nuestra esperanza debe seguir de pie, no debe claudicar, y aunque escuchemos malas noticias, hay que seguir orando a nuestro Dios vivo, a un Dios sobrenatural y debemos esperar una intervención sobrenatural de Él, porque si esperamos en lo natural, confiaremos en el criterio del hombre y seremos decepcionados.

Job 17:15: “¿Dónde, pues, estará ahora mi esperanza? Y mi esperanza, ¿quién la verá?”

Job perdió su esperanza en un tiempo, y llegó a decir que esta le fue arrancada como un árbol, es decir, él reconoce que la perdió, pero también, lo grande que era su esperanza. Tenemos que seguir luchando, creyendo y orando cada día; ahora bien, sepamos esperar del cielo, porque de allí no vendrá cualquier cosa, Dios no responde de cualquier forma, responde con relámpagos y truenos, es decir, de una forma contundente con la que podemos saber claramente que Él lo está haciendo.

Nuestra esperanza no depende de lo que vemos o escuchamos, sino de lo que creemos, y creemos que días mejores vienen para nuestro país. La esperanza a veces quiere huir, pero cada vez que eso pase, debemos ir a la Biblia y de esta forma, mantengamos en nuestros labios la confesión de esperanza. Quien tiene fe y esperanza, vive confiado como león, sabe que lo mejor está por llegar, porque ¡los que creemos, siempre ganamos!