“Abriendo espacio con la oración”

Efesios 5:15-20: “Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor. No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.”

El problema de muchos creyentes con la oración es que esperan recibir algo a lo que no le han hecho espacio en el espíritu, están confesando, llamando y deseando algo, pero dentro de ellos no existe el espacio suficiente para recibirlo. Si no oras lo que estás creyendo, en tu espíritu no se abrirá espacio para que entre la palabra de fe y así recibir lo que Dios quiere darte, porque antes de que llegue la provisión, llega la palabra.

Cuando empiezas a orar, el Espíritu Santo rompe dentro de ti el miedo, la incredulidad, la duda, lo que el hombre dijo, las proyecciones y las estadísticas que se han hecho, para abrir espacio a la palabra que Dios quiere derramar en ti. Cuando la Palabra haya lugar en tu corazón, puedes empezar a creer con un depósito en tu vida de la Palabra de Dios; pero muchas veces te llenas de otras cosas, y ese es el problema, porque Dios no puede llenar espacios llenos, sino vacios. El Espíritu Santo tiene que ser tu mayor necesidad y Él le está pidiendo a su pueblo que no se llene de cosas vanas, temporales y pasajeras, sino que sean llenos de Él.

El mayor riesgo que corres con la falta de oración correcta es llenarte de ti mismo, y no permitir que la llenura del Espíritu Santo, este en tu vida. Todo espacio vacío va a ser lleno con algo; ahora bien, la pregunta es ¿con qué estás llenando tú corazón y tú mente al inicio de este año? La oración se lleva de ti el orgullo, la soberbia, la incredulidad, el miedo, el temor y la duda que están ocupando el lugar de la fe, la esperanza, el gozo, la paz y la justicia.  A través de la oración lo nuevo de Dios empieza a llegar a tu vida. No te llenes de cosas vanas, aliméntate con la Palabra y se lleno del Espíritu Santo.

Hechos 2:1-4: “Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.”

Cuando los discípulos de Jesús empiezan a orar, el espíritu de división que estaba entre ellos empieza a huir e inician a vivir en un espíritu que nunca habían tenido, esto porque no habían orado como Jesús se los había pedido. Debes orar y orar bien para que lo que estás pidiendo pueda suceder. Cuando oras te llenas de vida, de denuedo, de gozo, de victoria, de sanidad y de justicia. Los discípulos al orar y al ser llenos del Espíritu Santo se vaciaron de la altivez y la apariencia, y empezaron a llenarse de hambre y sed por la presencia de Dios; también, se vaciaron del miedo y se llenaron de valentía. La oración te vacía de la incredulidad y te llena de poder, aleja el orgullo y te llena de humildad.